Participación en Radio Usach

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El día 25 de febrero de este año, estuve participando junto a Anahí Troncoso, integrante de CIEL Chile, en el programa Cultura Viva de Radio USACH. La conversación trató acerca de lo más destacado en literatura infantil y juvenil en Chile durante el 2014, aunque derivó en otros temas relacionados. Les dejo el audio del programa para que puedan comentar, y además puedan ver nuestro sitio.

http://cielchile.org/noticias/entrevista-radio-usach-cultura-viva/

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CIEL

1926673_364391633726972_741264283624589166_nDurante finales del año pasado, y luego de algunas colaboraciones especiales, fui nombrado oficialmente miembro de CIEL, Centro de estudios literarios. Cómo señala la descripción en el sitio, CIEL “fundado en 2013, es un Centro de Investigación y de Estudios Literarios que surge de la necesidad de abrir un espacio de discusión académica en torno a textos, principalmente literarios, que hayan sido escritos, editados y/o adaptados para niños-as, adolescentes y jóvenes.”. 

      Creo absolutamente en la urgencia de generar discusión y crítica académica a los textos literarios que dirigimos a los niños, adolescentes y jóvenes, para lograr obras de mejor calidad y revalorar esta literatura tan denostada. Durante el año iré informando desde aquí las diferentes actividades que estaremos realizando, como también de las publicaciones que estarán saliendo a la luz.

Los dejo con el sitio oficial.
cielchile.org

Entrevista en El Mostrador sobre literatura para jóvenes

“Literatura de colegio y el boom de las sagas adolescentes, ¿un divorcio irremediable?”

Acá les dejo parte de la entrevista que me realizaron para un artículo de El Mostrador durante el año 2014.

Extracto:
“Hay que romper el mito de que los adolescentes y jóvenes no están leyendo”, coincide Hinojosa. “Actualmente hay un movimiento más menos incipiente, pero potente, de nuevos lectores, muy voraces y expectantes de nuevas obras”, especialmente entre las mujeres.”

El texto completo en el siguiente link:

http://www.elmostrador.cl/cultura/2014/08/19/literatura-de-colegio-y-el-boom-de-las-sagas-adolescentes-un-divorcio-irremediable/

Entrevista con Camila Valenzuela.

En la entrada anterior, tuve la oportunidad de comentar una de sus obras más recientes (Nieve negra, editorial SM, 2014), pero acá los dejo con la entrevista que amablemente ella accedió darme. En esta, Camila nos hablará acerca de sus textos, pero también de su visión como investigadora LIJ, labor que ejerce a tiempo completo en el grupo CIEL (en su página podrán encontrar más información de la autora, cómo también del trabajo del centro).

Las obras

Nieve negra

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¿Por qué decidiste jugártela por una actualización de un clásico cuento infantil?

Desde que entré al doctorado –hace ya unos tres años– me puse a investigar sobre los cuentos maravillosos europeos, especialmente aquellos gestados en Alemania y Francia. Me centré en el hecho de que, las versiones fijadas por Perrault y Grimm, proponen valores de comportamiento sexo-genéricos donde, básicamente, el hombre va hacia la aventura y la mujer espera, pacientemente, a su príncipe azul. Esto, como dije recién, es lo básico, la punta del iceberg, y una vez que empecé a adentrarme en la teoría de género, en los moldes creados para la infancia femenina en Chile, y en las mismas reescrituras que componen el corpus de mi tesis –autoras que reelaboraron estos cuentos clásicos entre 1920 y 1940–, llegó un punto en el que necesité canalizar ese aprendizaje en algo más que la academia; en el que necesité crear una versión donde el eje de la acción y conflicto dramático no estuviera puesto en la masculinidad, sino en las figuras femeninas. Ahí nació Nieve negra

¿Es una obra más representativa de lo que quieres entregar como autora?

No sé muy bien qué “quiero entregar como autora”. Me suena medio rimbombante y artificial ese concepto, en la medida que, cuando escribo, no estoy pensando qué quiero entregar, sino qué quiero crear y cómo lo voy a hacer. Y, en ese sentido, creo que, el hecho de que haya nacido a partir de una investigación previa que tiene relación netamente con mis inquietudes académicas, posibilitó una escritura más simbólica y profunda.

Zahorí

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Sabemos que esta obra fue escrita siendo tú una adolescente. ¿Cuánto de esa adolescente queda en la obra? ¿Sientes que ha podido madurar contigo?

Creo que Zahorí I (editorial SM, 2013) tiene mucho de mí como adolescente, no en cuanto a la identificación con algún personaje en particular, sino en relación a la pluma misma; es una escritura, siento, más ingenua, que tomó como eje el manuscrito del 99 y, a excepción de algunos giros argumentales, se quedó ahí. En cambio, Zahorí II (editorial SM, 2014) fue un proceso más profundo, detallista. Creo que sí, entonces, ha madurado conmigo, pero al mismo tiempo necesito que pase más tiempo para poder ver la obra con distancia y, ahí sí, ver cómo y qué tanto fue esa maduración.

¿Te sientes una autora de fantasía o te gustaría diversificar tu pluma hacia nuevas temáticas?

Para sentirme una autora de fantasía tendría que haber escrito algo de fantasía y, hasta el momento, no lo he hecho. Me da un poco de pudor cuando dicen cosas así como “Camila Valenzuela y su literatura fantástica” porque, para mí, la fantasía tiene códigos estéticos muy claros y establecidos, y ni Zahorí ni Nieve negra cuentan con ellos. En el caso de Zahorí, estamos frente a una saga que tiene ciertos tintes fantásticos, pero de ahí a hablar de fantasía… pf, creo que tendría que escribirla de nuevo. Y Nieve Negra es, más bien, un relato de corte onírico, con mucha simbología y oscuridad, pero no fantasía. Ahora, por otro lado, estoy escribiendo una novela realista para adolescentes y jóvenes, así creo que, por el contrario, más que solo escribir fantasía, me gustaría quizás, algún día y estando realmente preparada para abordar un género tan complejo, aventurarme en ella. Por ahora, a seguir leyendo.

No hay lectura sin lectores

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¿Cómo ha sido la recepción de tu obra en los jóvenes? ¿Tienes feedback de ellos?

Muy buena. Tanto Zahorí como Nieve Negra son novelas que, de a poco, se han hecho un camino dentro de los-as lectores-as adolescentes y jóvenes, y me gusta que sea así; desconfío un poco de los éxitos fugaces.

¿Cuáles son tus proyecciones a futuro? ¿Te pasarás a la llamada “literatura” adulta o con mayúsculas?

Eso del futuro me parece tan incierto… Por el momento, tengo un plan de no más allá de un año y, en ese sentido, sigo con narrativa para adolescentes y jóvenes. Quién sabe lo que pase después.

¿Algún autor que sea tu referente, o estos provienen de otros lados como la música, el cine, etc.?

Tengo varios autores-as y música que han sido mis referentes, pero eso da para otra entrevista.

La LIJ en la actualidad

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¿Qué opinas del concepto de literatura juvenil? ¿Es un género, una marca del mercado editorial, un tipo de literatura específico?

Creo que el concepto de “literatura juvenil” es erróneo. Primero, porque no se puede hablar de “literatura” cuando el corpus que lo compone es, casi en su totalidad, narrativa (personalmente, desconozco un corpus lírico, dramático y/o ensayo adolescente y juvenil). Segundo, ¿qué pasa con el concepto de lo “adolescente”? La adolescencia y juventud son segmentos que demandan y se sitúan en perspectivas distintas de mundo. De hecho, esto se puede apreciar en las mismas obras. Tomemos como ejemplo a Harry Potter: ¿Podemos decir que el Harry de 13 años tiene los mismos conflictos internos, las mismas inquietudes y perspectiva de mundo que el Harry de 17 años? No, porque mientras el adolescente mantiene un conflicto yo/mundo, el joven ya es capaz de mantener una dialéctica yo/mundo. Sin embargo, el concepto de “literatura juvenil” se hace el loco con los adolescentes, al igual que la mal llamada “literatura infantil y juvenil”, donde los adolescentes, una vez más, son parte de una masa invisible y homogénea.

Cómo investigadora ¿De qué forma ves el panorama en Chile? ¿Qué crees que falta?

Pienso que hace falta pensar este tipo de obras. Dicen que son de fácil digestión, que la teoría literaria es fome y todo el rollo, pero yo me pregunto cuántos de los-as que leemos y sobre todo, cuántos de los-as que escribimos, nos dedicamos a pensar teórica y críticamente estas obras. El solo hecho de que se le englobe dentro del concepto “literatura infantil y juvenil” o incluso en soledad, “literatura juvenil”, ya es un síntoma de que no estamos analizándola. Y, en ese sentido, pienso que tiene relación con algo que, quizás, nos atraviesa como sociedad en la medida que, al igual que la memoria histórica, no se piensa, no se habla. En ese estado, veo difícil conformar un corpus lo suficientemente profundo, que se aleje de aquellas obras para niños-as, adolescentes y jóvenes que han sido escritas de forma mecánica, moralizante y escolar.

Cómo escritora ¿Cómo te vinculas con el llamado “boom de la literatura juvenil”? ¿Sientes que es una moda pasajera o a través de los lectores que genera prevalecerá en el tiempo?

Me vinculo solo en el sentido de que escribo para ellos-as y, como académica, me dedico a su estudio, pero no me siento, para nada, parte de un colectivo. Por otro lado, creo que, más que moda, es novedad, porque hace años atrás solo teníamos a la llamada “literatura ganada” –obras no escritas para adolescentes ni jóvenes que, con el paso del tiempo, por motivos intra y/o extraliterarios, se las terminaron apropiando–, mientras que ahora contamos con novelas que han sido creadas bajo ciertos códigos estéticos que apuntan a dicho segmento. En ese contexto, pienso que es un espacio que necesita de nuevos-as autores-as y obras que, más tarde, puedan conformar un corpus para su lectura, pero también para un análisis.


Agradezco nuevamente el tiempo otorgado por Camila a la entrevista, y como señalé en la entrada anterior, esperemos que este sea el inicio de un promisorio camino en la LIJ chilena.

Ver
Sitio web de Camila Valenzuela

Nieve Negra

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“Encontrar el espejo no fue casualidad. No puede serlo. Más bien, fue producto de una serie de eventos raros y dislocados. Igual que mi vida.”

                                                                                          Nieve Negra

Nieve negra, segunda apuesta literaria de la escritora chilena Camila Valenzuela, comenzó su vida desde el éxito, al ser premiada en el reciente 2014 con el primer lugar en el concurso “Barco de vapor”, convocado por la editorial SM. La autora, quien ya es conocida por el público adolescente a partir de la saga Zahorí (la cual también lanzó su segunda parte el año pasado, llamada Revelaciones), plantea en este texto una obra mucho más breve, pero también precisa en sus intenciones, y aunque los premios muchas veces no suelen contar con el beneplácito de la crítica o del público (y menos de los autores), en esta oportunidad es justo en su unanimidad.

                Cómo ella misma señaló en su lanzamiento y premiación, la novela está motivada a partir de las propias investigaciones que ella realizó acerca de los cuentos maravillosos tradicionales, y que la llevaron a producir una reactualización del relato de “Blanca nieves”, pero claramente, ubicarla en la mera relectura es limitar el texto y simplificarlo en sus intenciones. La obra, cómo señalé en un inicio, tiene una brevedad que la vuelve eficaz en su tratamiento del argumento, y que permite que la historia fluya, pero sin dilatar ni rellenar (cómo suele ocurrir en obras de mayor extensión para el público juvenil). A su vez, asumiendo su fuente, logra acercar y apropiar a nuestra cultura un relato netamente europeo.

El pasado da las respuestas

                Su estructura es bastante clara y simple: 10 capítulos, enumerados en orden inverso, y que nos cuentan una historia dividida en dos tiempos. Por un lado, el Santiago actual, y más precisamente, en la comuna de Ñuñoa. Por otro lado, el mismo Santiago, el mismo lugar geográfico (aunque no desde el nombre), pero en el período colonial. Esta alternancia de tiempos del relato, sirven además para ir manejando los ritmos de la novela, y permitiendo al lector que vaya desenrollando la madeja de misterio que va rodeando la trama. En ella, conoceremos a nuestra protagonista, una joven escolar, quien vive con sus padres y su perro, el quiltro. La relación entre ellos es algo tensa, debido a sus diferencias de carácter. Esto hace que ella se vincule de manera mucho más afectiva con su padre, y rechace las conductas histéricas de su madre. Esta particular situación es a mi parecer muy relevante en la obra, ya que aborda la tensión que subyace muchas veces entre madres e hijas, esas rivalidades que a veces no se pueden explicar, pero que en la obra se trabajan desde la idea de la historia cíclica, ese eterno retorno de las emociones y las experiencias. Y es que el mundo actual, mucho más frenético en apariencia, se ve más apacible y acogedor que el del pasado, el cual se muestra con un halo mágico que permite que los hechos vayan más allá de lo puramente anecdótico (incidentes como el terremoto de 1647, en donde se da origen a la leyenda del Cristo de Mayo, se vuelven presagio de algo mucho más terrible). Da la impresión de que definitivamente nada es el azar, y que cada circunstancia va acompañada de una consecuencia. Es en aquel tiempo pretérito en dónde la causalidad adquiere relevancia. Así, hechos como la muerte de la madre, la aparición de la misteriosa y enigmática madrastra, desatan una cadena de incidentes que van enturbiando más las cosas. Y en ese espacio de lo real se limita con lo mágico, caracterizado por la figura de la Negra, mujer humilde, pero que esconde grandes poderes y secretos. Este personaje, que en otras obras permanecería en las sombras y una participación menor, se vuelve de gran relevancia, volviéndolo un motor de los acontecimientos, y también proporcionando esa dialéctica entre el mundo urbano y el mundo rural, lleno de recovecos para la magia y la maravilla.

La oscuridad

Un hecho en particular (y que se vislumbra desde su portada, ilustrada por la reconocida artista chilena Alejandra Acosta), es esa aura sombría, lúgubre y constante, que dota al texto de una atmósfera enrarecida y que va llevando incluso al lector a un estado de tensión y oscuridad permanente. Y es que los hechos que se van mostrando en la historia tienen que ver con las pulsiones bajas que movilizan de igual manera a los seres humanos. El amor reconvertido en odio, la carencia mutada a envidia, el dolor transfigurado en violencia.

                Este ambiente construido en la novela es poco habitual en la narrativa adolescente, más preocupada del romance del momento, del héroe o heroína en búsqueda de la aventura, y que acá se centra en las emociones sentidas por todos los personajes, y que los van movilizando. Y eso se demuestra también en la alternancia de la narración, que va desde la primera persona (en el caso de los capítulos centrados en la protagonista), y la omnisciencia (en los ubicados en el pasado), lo cual enriquece aún más su estructura.

Cuando el mal acecha, cuando nada es azaroso ni arbitrario, cuando todo elemento se vuelve un símbolo (y esta obra está lleno de ellos), los acontecimientos se desenvuelven de manera natural, y configuran esta suerte de thriller sobrenatural. La tensión (y la perversidad) va en aumento capítulo a capítulo, y sin darnos cuenta llegamos al final de la obra, cerrando de manera redonda el ciclo narrado.

Esperemos que este camino trazado por la autora continúe en sus obras posteriores, proveyendo de lecturas interesantes sobre textos clásicos, o sin temor a tomar símbolos y temáticas más crípticas para el público adolescente.

Valenzuela, Camila (2014): Nieve negra. Santiago, Chile: Ediciones SM Chile

Ver:

Al sur de la Alameda: diario de una toma

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Más que mensaje, la novela quiere ser una invitación. Y estoy citando palabras de Vicente, el coautor: ‘una invitación a reflexionar sobre nuestros ideales y compromisos’. Es una historia de amor, también sobre las pequeñas miserias cotidianas de una toma en un pequeño colegio ‘al sur de la Alameda’, pero también es una historia sobre el crecimiento y la toma de conciencia ciudadana y política. ¿Hasta dónde llega nuestro deber como ciudadanos? ¿Hasta qué punto implicarse o quedarse fuera?                                                                                                                                                  Lola Larra

En un mercado editorial en el cual la llamada “literatura juvenil” está plagada por historias distópicas, sagas de fantasía y diversas variantes del romance adolescente, una historia cercana como “Al sur de la Alameda” se hace relevante y altamente contingente. Situada temporalmente en la llamada “revolución pingüina” del año 2006, la trama avanza fuerte y despliega una narración acerca de las (verdaderas) inquietudes juveniles, los prejuicios, la participación ciudadana, entre otros temas. Para ello, Lola Larra, su autora, no rehuye a ciertos tópicos que se han convertido en modelos a seguir de la actual literatura dirigida a jóvenes, cómo el amor entre opuestos, pero lo dota de una calidez y cercanía que se aleja del estereotipo imperante. Tal vez sea la misma cercanía geográfica la que permite reconocer en los jóvenes del texto a nuestros mismos amigos del colegio, y lo que finalmente hace que la historia se vuelva verosímil. Pero primero hablemos acerca de lo que nos cuenta la novela.

Fondo-pantalla-01La historia es cíclica

Nicolás es un joven como cualquier adolescente del gran Santiago. Va en tercero medio, es el arquero estrella del equipo de fútbol del colegio, y al parecer no tiene ningún interés por la política o los temas sociales. Pero él es el protagonista del relato, o en realidad, personifica las dualidades y complejidades que muchas veces los adultos no queremos ver (o comprender) en los adolescentes. Aquí me gustaría detenerme, para hacer ver que en esto radica la principal virtud de este relato. No hay héroes, no hay jóvenes actuando como adultos, sino todo lo contrario. Se nos muestran con dudas, contradictorios, inmaduros, llenos de miedo, pero también impetuosos y esperanzados, intentando hacer bien las cosas. El relato cotidiano y mínimo es transformado logrando tener un peso específico, convirtiendo a estos jóvenes en verdaderos actores sociales y no en meros espectadores de la realidad.

Estas contradicciones propias de la adolescencia, se reflejan en el actuar de Nicolás. Sus amigos lo cuestionan por entrar a una toma, de la cual no entienden mucho su fin. Pertenecen a un colegio privado, y no tienen las necesidades o problemas de los públicos. Quienes ingresan al movimiento lo hacen por convicciones o motivaciones que son más bien personales, pero con el correr del tiempo, la convivencia en este espacio cerrado (y autonormado) los vuelve en seres colectivos. Y la obra muestra con claridad este proceso. El protagonista entra a la toma más por un interés amoroso (va en busca de Paula, la chica recién llegada desde Francia), pero al cabo de unos días, vemos que guarda una historia familiar que lo marca. Y en ese sentido, la novela se muestra como un reflejo del Chile actual, aquel que va al mall, pero también a la marcha sin ningún tipo de distinción clara. Somos parte de un modelo económico y social, pero asimismo, hay una historia que nos identifica y nos moviliza internamente.

Así sabemos que los padres de Nicolás (a los cuáles él trata por sus nombres, mostrando la relación más horizontal que establece con ellos), participaron de los movimientos estudiantiles durante los años ochenta, época mucha más dura en cuánto a las consecuencias de dichas acciones (y que la novela trata de manera abierta). Es un dato no menor aquello, porque finalmente Nicolás no puede escapar a su propia historia, y este reconocimiento personal modifica al protagonista, hace ver con otros ojos al resto de los personajes, pero también muestra de manera más velada el comportamiento de los adultos frente al actuar de los jóvenes. Parece ser que (no importando del lado que nos encontremos), los adultos pretenden replicar sus historias y pareceres en los adolescentes. Familia, profesores, adultos en general, imponen una visión particular de lo que debe ser la vida y nuestras acciones. Es así como los padres de Nicolás, liberales y cercanos, siguen repitiendo el patrón adulto, al no reconocer los intereses (diferentes a los de ellos) de su hijo. El propio protagonista lo manifiesta abiertamente en su diario, en un reproche tan real en su honestidad:

“He parado más tiros al arco que ningún portero de la liga interescolar. He logrado detener siete penaltis en partidos del campeonato, y nadie de mi edad que yo conozca puede jactarse de lo mismo. Pero, ahora que estoy en la toma, es la primera vez que mi mamá dice que está orgullosa de mí.”

¿Cuánto nos interesan las vidas, gustos, motivaciones de nuestros jóvenes? El relato no elude este cuestionamiento (aunque sea de manera implícita), pero en la historia los adultos finalmente no cuentan, o no son los elementos centrales. De los padres sólo sabemos algo a través de las conversaciones telefónicas, o las referencias del diario de Nicolás. Los profesores y el director no están presentes, es más, la dirección del establecimiento se muestra sólo como un organismo institucional, frio, y fuera de las preocupaciones de los propios alumnos del colegio. Esto refuerza la idea de micromundo juvenil que el relato nos plantea, y que a ratos se vuelve inaprensible. Ejemplo de esto es la escena en donde el gordo Mellado, uno de los jóvenes más empoderados dentro de la toma, señala que vieron el documental “Actores secundarios” en la “sala” de cine. El guiño se vuelve en un espaldarazo para dicho documental, y permitiría entender de mejor forma las motivaciones de los adolescentes dentro de un movimiento social, pero se vuelve más potente la referencia cuando otro de los estudiantes nos dice que sólo hubo como 5 asistentes en la proyección. Supondríamos que los jóvenes participantes de una toma se sentirían más motivados o interesados por dicho film, pero los móviles son otros: informarse (y socializar) por internet, el hambre que comienza a incrementarse, pasarla bien en una fogata, e incluso el cuestionado fútbol se vuelve una manera de matar el tiempo. En consecuencia, el relato triunfa en graficar la realidad adolescente, mutable, inconstante, comprometida, e incluso hasta podríamos aventurar las consecuencias de esta historia en un personaje levemente trazado, pero que quién sabe (cómo continuando la historia familiar de Nicolás), sea participante de las movilizaciones del 2011. Javi, la hermana menor, contesta con efusividad la llamada de su hermano, y es quién se ha encargado de informar a sus padres que Nicolás está en la toma. Cómo la misma novela se encarga de mostrarnos, la historia es cíclica.

La toma en imágenes

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Aun cuando la novela (y la actualidad de su relato) se sostiene por sí misma desde la escritura, es al transitar a formatos más híbridos dónde despliega todo su potencial. ¿Novela gráfica, novela ilustrada? Para el caso se vuelve irrelevante la categorización del texto, y es más importante comprender en qué forma la imagen y el texto se logran complementar a través de sus distintos lenguajes. Hay que hacer hincapié en la cuidada edición de la obra, preocupada de todos los detalles, lo que convierte al libro en un texto altamente atractivo, tanto por su relato, como por el plano estético. Pero esta dualidad en el lenguaje, no es sólo un capricho autoral o editorial, sino que refuerza lo dicho y luego se transforma en lo visto. El relato así se mueve en mundos complementarios y complejiza los niveles de interpretación (ya bastante se ha polemizado sobre la banalización y simplificación de los contenidos para jóvenes, pero aquí la novela sortea dicho escollo con mucha propiedad).

Por un lado, tenemos el relato escrito en primera persona hecho por Nicolás, a través del registro de la toma que realiza en su diario personal. Desde otro frente, tenemos un personaje femenino misterioso, quien desde la privacidad de su ventana explora las vicisitudes de estos jóvenes a través de sus prismáticos. Este segundo relato visual (bellamente ilustrado por Vicente Reinamontes), nos proporciona una mirada externa a los hechos, dota de rostro a los personajes, y complementa lo dicho con sutiles detalles. Esta misma narración visual entrega un ritmo más ágil a la historia general, permitiendo descansos al relato de Nicolás, y a su vez, conocer más a fondo el entorno donde transcurren los hechos. Desde ese punto de vista, no es sólo añadir imágenes para hacer más atractiva la propuesta a los jóvenes, sino que esta apuesta de la narración se sustenta por si misma, al proporcionar una perspectiva cuasi cinematográfica de los acontecimientos. En una sociedad actual altamente visual, y en dónde la alternancia entre textos e imágenes es cada vez más constante (hecho que impacta directamente en la manera de ver el mundo en los adolescentes), el relato no escapa nunca a su realidad, tanto en las formas de comprenderla, como en los temas que se vuelven contingentes.

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En conclusión, tal cual cómo señaló recientemente Gemma Lluch en su blog “¡Bienvenidas estas propuestas! Ojalá creen nuevos modelos en los que aparezca esa realidad de cada día que nos gustaría mejorar.” Felicito al equipo autoral y a editorial Ekaré por esta apuesta, que quizás no sea el camino a seguir en la vapuleada y cuestionada literatura juvenil, pero que si se destaca por ser una obra hecha con cariño e interesada en mostrar lo que los jóvenes sienten, piensan, viven.

Larra, Lola (2014): Al sur de la alameda. Diario de una toma. Santiago, Chile: Ediciones Ekaré sur

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http://diariodeunatoma.cl/

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