Lola Larra, todavía en la lucha.

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Al sur de la Alameda, obra escrita por Lola Larra e ilustrada por Vicente Reinamontes, irrumpió en el mercado local de manera tímida, pero rápidamente ganó el aprecio de los críticos especializados y, por supuesto, de los lectores. Esto ha llevado a que el texto haya obtenido numerosas distinciones, y parece que el efecto avasallador no se detiene. Ahora, en una movida muy interesante para el medio local, sus autores se aventuran en la creación de un interesante spin off de la novela ilustrada. La nueva publicación denominada Estudiantes en lucha. Apuntes para una historia de las movilizaciones estudiantiles, fanzine que recoge las ideas, anotaciones e investigaciones de “El gordo Mellado”, personaje de Al sur de la Alameda quien dentro de la obra cumple el rol de formar políticamente a sus compañeros en la toma.

Claramente, no es habitual que una obra juvenil publicada en el país se arriesgue de esta forma, expandiendo la propuesta realizada y abriéndose a nuevos formatos como éste, un breve texto a medio camino entre lo informativo y lo ficcional. Por otro lado, los autores establecen de manera mucho más clara su compromiso con el discurso que inunda el relato, permitiendo que los lectores no sólo se queden con la lectura planteada propiamente por la historia, sino que además los lleve a conocer más a fondo la trayectoria histórica que culmina en los hechos relatados en la novela. De este modo, esta nueva publicación es el complemente perfecto para Al sur de la Alameda, manteniendo su estilo gráfico, y haciendo que la obra se sostenga en el tiempo y amplíe sus proyecciones.

Esto se ha hecho patente en cada gira realizada por el equipo realizador, donde los encuentros más emotivos y reveladores han sido con sus lectores, quienes han hecho suyos los eventos relatados en el texto.


Apuntes desde Lola Larra.

Luego de un exitoso paso por México, en donde estuvo presente en la Feria del libro de Guadalajara y visitó algunos colegios y escuelas, Lola regresa a Chile con nueva (aunque limitada) publicación bajo el brazo, así que quise saber un poco más sobre los pasos actuales (y futuros) de ella, y algunas otras cosas. Agradezco el tiempo que me otorgó y espero que disfruten esta breve entrevista.

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¿Cómo se define Lola Larra como autora?

Es complicado definirse a uno mismo como escritor. Puede resultar en un aburrido ejercicio de narcisismo, o bien de mucha autocrítica. Lo que puedo decir es que soy una escritora muy lenta, demoro mucho en cada proyecto y, aunque antes me desesperaba por ello, ahora lo agradezco. También he sido una escritora muy dispersa: no solo porque he publicado cosas muy distintas entre sí (novela de iniciación, novela policial, novelas más periodísticas, y hasta una nouvelle erótica) sino también porque comienzo muchos proyectos a la vez y trabajo en ellos al mismo tiempo hasta que alguno me atrapa lo suficiente como para terminarlo. Supongo que tiene que ver con que mis lecturas son muy heterogéneas. Y supongo que también es porque solo poco a poco uno va definiendo qué es lo que le interesa contar en realidad y cómo.

Ya con la perspectiva del tiempo, y luego de todos los reconocimientos, ¿cómo valoras actualmente “Al sur de la Alameda”? ¿Proyectabas de alguna forma el reconocimiento obtenido?

Debo decir que nunca esperamos, ni Vicente ni yo, la repercusión que ha tenido la novela. Y solo me queda estar muy agradecida y muy contenta. No suele ocurrir que algo que publiques llegue a tanta gente y de maneras tan diversas y contundentes. Es un regalo y no soy tan ingenua como para pensar que no tiene que ver con una gran dosis de suerte.

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Se publican muchísimos libros al año, varios de ellos notables: ¿Qué hace que algunos calen mejor que otros entre el público? Nadie puede identificar la fórmula, pero en el caso de ‘Al sur de la Alameda’ creo que fue una combinación de dos cosas: una historia que toca a mucha gente, en diversos niveles, y una manera original (pero no gratuitamente innovadora) de contarlo.

Actualmente podemos ver un proceso particular, en el cual la producción local de novelas gráficas se ha orientado hacia nuestra historia ¿Cómo ves esta situación? ¿Cuál crees tú que es la necesidad de abordar la memoria histórica?

En los últimos 3 o 4 años la novela gráfica chilena ha comenzado a interesarse por nuestra propia historia, tal vez como nunca antes. Y ha intentado recuperar la memoria más allá de lo que cuentan los libros de historia o la prensa. Editoriales como Hueders, Lom, Pehuén o Ekaré Sur, han apostado por estas novelas de ‘ficción documental’ o de ‘ficción histórica’. Libros como ‘Los años de Allende’ de Reyes y Elgueta, han sido una ráfaga de aire fresco. Confío en que parte de la función de la literatura es arrojar luz sobre aquello que estaba escondido, oculto; también sobre las cosas que enferman una sociedad. En ese sentido, abordar nuestra memoria reciente, nuestros dolores y heridas, resulta muy sanador e iluminador.

Frente al mismo tema, ¿cómo te sitúas frente al proceso escritural en donde se revela algo de lo que somos?

Creo que, más allá de nosotros los autores, o a pesar de nosotros los autores, la literatura se va permeando por el entorno, no es inmune a lo que ocurre en la sociedad. Los géneros maduran. Y a pesar de nuestra inmadurez como autores, o a pesar de nuestras pulsiones personales, la literatura avanza sola, y a veces es capaz de ir más allá de nosotros. Y por eso creo que es muy interesante lo que está pasando con la novela gráfica chilena, es muy interesante y muy significativo que nuestras novelas gráficas estén hablando de los problemas de nuestra sociedad, sobre todo si a veces son problemas que acarreamos desde hace más de doscientos años.

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Junto al desarrollo del texto escrito, “Al sur de la Alameda” convive con la imagen. ¿De qué forma se logró la comunión entre estos dos lenguajes? ¿Piensas seguir desarrollando este tipo de trabajos?

Al principio iba a ser una  novela tradicional, de solo texto. Después de que terminé una primera versión del manuscrito pensé que sería bueno tener un contrapunto al diario de Nicolás, el protagonista. Y se me ocurrió que podría ser bonito narrarlo con imágenes. Y ahí entra de nuevo la suerte, que fue encontrar a Vicente. No es fácil hallar un compañero de viaje tan talentoso y que se comprometa tanto con un proyecto como él.

La comunión entre ambos lenguajes se logró gracias a casi dos años de trabajo: nos reuníamos todas las semanas y en el proceso cambió mucho el manuscrito (el final, varias escenas, varios personajes…). Muchas cosas se modificaron en el texto según se iba construyendo el relato en imágenes. Trabajamos junto a las editoras; y luego también con el diseñador y el productor gráfico, para decidir cosas como el color de las páginas, las viñetas o el troquel de la portada; todos detalles que tienen un sentido y aportan a la historia, no son gratuitos ni decorativos.

Me gustaría muchísimo hacer otro libro con Vicente. Ojalá encontremos una buena historia, algo que nos conmueva a ambos.

Finalmente, cuéntame de tus nuevos proyectos, ¿cuáles son los próximos pasos de Lola Larra?

Acabo de terminar una novela en la que llevaba trabajando mucho tiempo y para la que estuve investigando muchos años. Es una novela de ‘ficción documental’, por ponerle algún nombre, sobre Colonia Dignidad. Una historia sobre una colona que ha decidido quedarse allí y que, pese a todo, ha mantenido una particular dignidad y una curiosa cordura. Es una aproximación desde el punto de vista de las mujeres, tal vez los seres más invisibles de esta tristemente famosa comunidad alemana.

Si estás interesado/a en el fanzine spin off de Al sur de la Alameda, puedes acceder gratuitamente a él a través de este link:

http://diariodeunatoma.cl/wp-content/uploads/2015/10/Estudiantesenlucha_Web.pdf

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Entrevista en El Mostrador sobre literatura para jóvenes

“Literatura de colegio y el boom de las sagas adolescentes, ¿un divorcio irremediable?”

Acá les dejo parte de la entrevista que me realizaron para un artículo de El Mostrador durante el año 2014.

Extracto:
“Hay que romper el mito de que los adolescentes y jóvenes no están leyendo”, coincide Hinojosa. “Actualmente hay un movimiento más menos incipiente, pero potente, de nuevos lectores, muy voraces y expectantes de nuevas obras”, especialmente entre las mujeres.”

El texto completo en el siguiente link:

http://www.elmostrador.cl/cultura/2014/08/19/literatura-de-colegio-y-el-boom-de-las-sagas-adolescentes-un-divorcio-irremediable/

Entrevista con Camila Valenzuela.

En la entrada anterior, tuve la oportunidad de comentar una de sus obras más recientes (Nieve negra, editorial SM, 2014), pero acá los dejo con la entrevista que amablemente ella accedió darme. En esta, Camila nos hablará acerca de sus textos, pero también de su visión como investigadora LIJ, labor que ejerce a tiempo completo en el grupo CIEL (en su página podrán encontrar más información de la autora, cómo también del trabajo del centro).

Las obras

Nieve negra

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¿Por qué decidiste jugártela por una actualización de un clásico cuento infantil?

Desde que entré al doctorado –hace ya unos tres años– me puse a investigar sobre los cuentos maravillosos europeos, especialmente aquellos gestados en Alemania y Francia. Me centré en el hecho de que, las versiones fijadas por Perrault y Grimm, proponen valores de comportamiento sexo-genéricos donde, básicamente, el hombre va hacia la aventura y la mujer espera, pacientemente, a su príncipe azul. Esto, como dije recién, es lo básico, la punta del iceberg, y una vez que empecé a adentrarme en la teoría de género, en los moldes creados para la infancia femenina en Chile, y en las mismas reescrituras que componen el corpus de mi tesis –autoras que reelaboraron estos cuentos clásicos entre 1920 y 1940–, llegó un punto en el que necesité canalizar ese aprendizaje en algo más que la academia; en el que necesité crear una versión donde el eje de la acción y conflicto dramático no estuviera puesto en la masculinidad, sino en las figuras femeninas. Ahí nació Nieve negra

¿Es una obra más representativa de lo que quieres entregar como autora?

No sé muy bien qué “quiero entregar como autora”. Me suena medio rimbombante y artificial ese concepto, en la medida que, cuando escribo, no estoy pensando qué quiero entregar, sino qué quiero crear y cómo lo voy a hacer. Y, en ese sentido, creo que, el hecho de que haya nacido a partir de una investigación previa que tiene relación netamente con mis inquietudes académicas, posibilitó una escritura más simbólica y profunda.

Zahorí

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Sabemos que esta obra fue escrita siendo tú una adolescente. ¿Cuánto de esa adolescente queda en la obra? ¿Sientes que ha podido madurar contigo?

Creo que Zahorí I (editorial SM, 2013) tiene mucho de mí como adolescente, no en cuanto a la identificación con algún personaje en particular, sino en relación a la pluma misma; es una escritura, siento, más ingenua, que tomó como eje el manuscrito del 99 y, a excepción de algunos giros argumentales, se quedó ahí. En cambio, Zahorí II (editorial SM, 2014) fue un proceso más profundo, detallista. Creo que sí, entonces, ha madurado conmigo, pero al mismo tiempo necesito que pase más tiempo para poder ver la obra con distancia y, ahí sí, ver cómo y qué tanto fue esa maduración.

¿Te sientes una autora de fantasía o te gustaría diversificar tu pluma hacia nuevas temáticas?

Para sentirme una autora de fantasía tendría que haber escrito algo de fantasía y, hasta el momento, no lo he hecho. Me da un poco de pudor cuando dicen cosas así como “Camila Valenzuela y su literatura fantástica” porque, para mí, la fantasía tiene códigos estéticos muy claros y establecidos, y ni Zahorí ni Nieve negra cuentan con ellos. En el caso de Zahorí, estamos frente a una saga que tiene ciertos tintes fantásticos, pero de ahí a hablar de fantasía… pf, creo que tendría que escribirla de nuevo. Y Nieve Negra es, más bien, un relato de corte onírico, con mucha simbología y oscuridad, pero no fantasía. Ahora, por otro lado, estoy escribiendo una novela realista para adolescentes y jóvenes, así creo que, por el contrario, más que solo escribir fantasía, me gustaría quizás, algún día y estando realmente preparada para abordar un género tan complejo, aventurarme en ella. Por ahora, a seguir leyendo.

No hay lectura sin lectores

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¿Cómo ha sido la recepción de tu obra en los jóvenes? ¿Tienes feedback de ellos?

Muy buena. Tanto Zahorí como Nieve Negra son novelas que, de a poco, se han hecho un camino dentro de los-as lectores-as adolescentes y jóvenes, y me gusta que sea así; desconfío un poco de los éxitos fugaces.

¿Cuáles son tus proyecciones a futuro? ¿Te pasarás a la llamada “literatura” adulta o con mayúsculas?

Eso del futuro me parece tan incierto… Por el momento, tengo un plan de no más allá de un año y, en ese sentido, sigo con narrativa para adolescentes y jóvenes. Quién sabe lo que pase después.

¿Algún autor que sea tu referente, o estos provienen de otros lados como la música, el cine, etc.?

Tengo varios autores-as y música que han sido mis referentes, pero eso da para otra entrevista.

La LIJ en la actualidad

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¿Qué opinas del concepto de literatura juvenil? ¿Es un género, una marca del mercado editorial, un tipo de literatura específico?

Creo que el concepto de “literatura juvenil” es erróneo. Primero, porque no se puede hablar de “literatura” cuando el corpus que lo compone es, casi en su totalidad, narrativa (personalmente, desconozco un corpus lírico, dramático y/o ensayo adolescente y juvenil). Segundo, ¿qué pasa con el concepto de lo “adolescente”? La adolescencia y juventud son segmentos que demandan y se sitúan en perspectivas distintas de mundo. De hecho, esto se puede apreciar en las mismas obras. Tomemos como ejemplo a Harry Potter: ¿Podemos decir que el Harry de 13 años tiene los mismos conflictos internos, las mismas inquietudes y perspectiva de mundo que el Harry de 17 años? No, porque mientras el adolescente mantiene un conflicto yo/mundo, el joven ya es capaz de mantener una dialéctica yo/mundo. Sin embargo, el concepto de “literatura juvenil” se hace el loco con los adolescentes, al igual que la mal llamada “literatura infantil y juvenil”, donde los adolescentes, una vez más, son parte de una masa invisible y homogénea.

Cómo investigadora ¿De qué forma ves el panorama en Chile? ¿Qué crees que falta?

Pienso que hace falta pensar este tipo de obras. Dicen que son de fácil digestión, que la teoría literaria es fome y todo el rollo, pero yo me pregunto cuántos de los-as que leemos y sobre todo, cuántos de los-as que escribimos, nos dedicamos a pensar teórica y críticamente estas obras. El solo hecho de que se le englobe dentro del concepto “literatura infantil y juvenil” o incluso en soledad, “literatura juvenil”, ya es un síntoma de que no estamos analizándola. Y, en ese sentido, pienso que tiene relación con algo que, quizás, nos atraviesa como sociedad en la medida que, al igual que la memoria histórica, no se piensa, no se habla. En ese estado, veo difícil conformar un corpus lo suficientemente profundo, que se aleje de aquellas obras para niños-as, adolescentes y jóvenes que han sido escritas de forma mecánica, moralizante y escolar.

Cómo escritora ¿Cómo te vinculas con el llamado “boom de la literatura juvenil”? ¿Sientes que es una moda pasajera o a través de los lectores que genera prevalecerá en el tiempo?

Me vinculo solo en el sentido de que escribo para ellos-as y, como académica, me dedico a su estudio, pero no me siento, para nada, parte de un colectivo. Por otro lado, creo que, más que moda, es novedad, porque hace años atrás solo teníamos a la llamada “literatura ganada” –obras no escritas para adolescentes ni jóvenes que, con el paso del tiempo, por motivos intra y/o extraliterarios, se las terminaron apropiando–, mientras que ahora contamos con novelas que han sido creadas bajo ciertos códigos estéticos que apuntan a dicho segmento. En ese contexto, pienso que es un espacio que necesita de nuevos-as autores-as y obras que, más tarde, puedan conformar un corpus para su lectura, pero también para un análisis.


Agradezco nuevamente el tiempo otorgado por Camila a la entrevista, y como señalé en la entrada anterior, esperemos que este sea el inicio de un promisorio camino en la LIJ chilena.

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Sitio web de Camila Valenzuela