De tradición y renovación

Una breve reflexión acerca del canon escolar en nuestras aulas, el cruce entre los clásicos y géneros como el terror y la ciencia ficción, y el panorama de lectura juvenil. Agradezco a los editores de Austrobórea por publicar en su sitio este texto.

En este link pueden acceder al artículo:

http://austroborea.cl/de-tradicion-y-renovacion-por-hugo-hinojosa/

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Piedra, papel o tijera

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“Hay hechos que no se pueden amortiguar con palabras.”

Ines Garland. Piedra, papel o tijera.

Lo inefable siempre ronda la literatura, aquel espacio en donde las palabras intentan escarbar en lo profundo de nuestro espíritu. Y en ese intento, muchas veces infructuoso (no por las palabras, sino por como han sido utilizadas), el lector suele salir desgarrado, con la herida que deja esa lectura en su mente. Es así, que transitando en ese mundo, la realidad pretende configurarse, y las palabras establecen un puente que conecta lo que ha sido, lo que puede ser, y lo que debemos reconocer y aprender. Por tanto, cuando la vida misma, la realidad más cruda, quiere revelarse ante nosotros, la literatura debe dejar que las palabras no cubran la verdad, si no que la dejen fluir como un rio.

Publicada en el año 2009, Piedra, papel o tijera de la autora argentina Inés Garland, rápidamente comenzó a ganar el respaldo de la crítica, pero también de los lectores. Esto la ha llevado a obtener importantes galardones, como el otorgado por la ALIJA (Asociación de Literatura infantil y juvenil de Argentina), y recientemente recibir el Deutscher Jugendliteraturpreis, el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil en Alemania, una de los más importantes y prestigiosas condecoraciones literarias dentro del ámbito de la LIJ, y que además por primera vez es obtenida por una autora latinoamericana. Pero independiente de los reconocimientos, la novela ha logrado ir creciendo en su efecto en los lectores, y actualmente ya incluso es lectura obligatoria en muchas escuelas del país vecino. Ahora es por primera vez publicada en Chile, y nos entrega una hermosa oportunidad de leer una de las grandes novelas juveniles escritas recientemente en nuestro idioma (y que curiosamente no fue concebida para jóvenes).

Los ríos de la memoria

Ya decía Jorge Manrique, en sus célebres Coplas a la muerte de su padre, que “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”. Asimismo nuestras lecturas, réplicas en miniatura de nuestras existencias, intentan seguir esa misma corriente que te va atrapando y finalmente te lleva a un final, al cual debes aprender a aferrarte. Y la analogía no es antojadiza, ya que esta obra toma como marco espacial el Delta del Paraná, en el sector de El Tigre, en donde el Rio de la Plata no es sólo un simple decorado, sino también un reflejo espectral de las pasiones y afectos de sus protagonistas. Aguas que nos inundan, aguas turbulentas que nos arrastran a la perdición, aguas mansas que nos hipnotizan y nos alejan por segundos de nuestros males. El rio como metáfora, también es una marca indeleble y cruel que, aunque no queramos aceptarla, divide nuestras vidas. Porque Alma, la protagonista de esta novela, debe aprender a nadar en el rio de su propia vida para lograr comprender la distancia insalvable que la aleja de lo que tanto ama. Y es así que el destino inexorable que la conduce, no le permitirá reconocer las huellas trazadas, sino hasta cuando ya ha podido recorrer ese propio rio que tantas veces fue su compañía, y le permita ver con claridad que siempre todo estuvo ahí. Crecer, fluir, estancarse, volver a correr con fuerza, serenarse, es todo parte de esta novela tan dolorosa como emotiva en su manera de enseñarnos el tránsito de una niña desde su infancia, hacia su vida de joven y posterior adulta.

Al sumergirnos en la existencia de su protagonista, en esos espacios ocultos de la memoria fracturada, podemos también apreciar el tránsito por un período particular de la historia de la Argentina, y que también nos golpeó con fuerza, el cual se entrelaza con la historia profunda de amor de Alma y Marito. Y seguimos sus pensamientos, sus miedos y angustias, y nos hundimos en su dolor y nos regocijamos en sus ansias, mientras que pareciera que todo a su alrededor se viene abajo, mientras todo alrededor es máscara, apariencia y silencio. Esto añade un valor particular a esta obra, ya que nos permite entrar en la conciencia infantil, y luego juvenil de Alma, pero que nos entrega una mirada hacia los hechos tristes que asolaron nuestros países durante varios años.

La piedra, el papel y la tijera

Me tomaré un espacio personal. Debo reconocerlo: se oscurecía el día, la luz iba dejando la habitación y yo seguía sin detenerme, como esperando que las palabras fueran las que me iluminaran. Finalmente di con la última página, y al cerrar el libro sentí que una piedra me golpeaba, pero no en la cara, sino en el corazón, como si algo se hubiera apretado y me dejara ahí, suspendido en el tiempo. Releo sus partes, y cuando llego a “nos dimos cuenta de la creciente, cuando ya nada había que hacer”, siento que todo fuera profético. Me dejé llevar por la historia, que fuera creciendo dentro de mí, pero cuando los relatos nos remecen, no nos damos cuenta que ya no hay nada que hacer, que no tenemos opción ni participación en lo que ha ocurrido, sólo mirarlo como un reflejo de lo que somos, y lo que podamos hacer en nuestras propias vidas. Y percibo esas piedras golpeando, esas tijeras que intentan cortar, dejar en trozos nuestros recuerdos, y desearía que un papel, como la mano de Marito, pudiera cobijar nuestros propios ríos internos. Pero en su título no sólo está el símbolo de los golpes, la sfracturas y los afectos, sino también en las decisiones que podemos adoptar, y las cuales muchas veces (quizás todas) nos enfrentamos a ciegas. Alma reconoce tantas veces que no puede hacer nada, que se equivoca, y aunque ama, también destruye a lo que quiere en su silencio egoísta, en sus miedos y aprehensiones (podemos culpar también a su entorno y a sus padres, imagen de una sociedad indolente que todavía permanece). Pero es parte del crecimiento, y en ese trayecto, Alma se vuelve un ser tangible, tan real como doloroso para el lector.

Finalmente, aún dentro de todo ese aire desesperanzador, de toda esa sensación de vacío, miedo y aflicción que la obra transmite, siempre trasciende el amor, la idea de que a pesar de todo podemos seguir viviendo, que la existencia fluye, que aunque los ríos se secan, vuelven a nacer, y que los pesares, como las aguas, se van.

Garland, Inés (2015). Piedra, Papel o tijera. Santiago, Chile: Santillana del Pacífico S.A. ediciones

 

 

 

Un animal incazable

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Entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.

  Herman Hesse, El lobo estepario

Una de las grandes discusiones teóricas frente al tema de la denominada LIJ, es como establece su categorización. ¿Podemos hablar de una específica literatura para infancia o juventud? ¿Por qué no hay, por ejemplo, una literatura para ancianos? Dentro de esa manía de lo clasificatorio, es que caemos en denominaciones tan curiosas como chick lit o “literatura para chicas”, las cuales tienden más a un concepto de mercado que a uno más acorde con lo propiamente literario o estético. Ante esta particular disyuntiva, hay obras que son insertadas dentro del ámbito de la Lij, pero que se niegan a clasificar, ya que por su carácter singular terminan en una tierra de nadie intentando buscar su lugar y, en otros casos más afortunados, teniendo clara su posición.

En la cuarta entrega de la medalla Colibrí, otorgada por IBBY Chile, el ganador en la categoría “libro álbum” fue para Animal de Daniel Blanco, quien ilustra y escribe el texto. El autor, quien ya se había acercado indirectamente al mundo de la literatura para jóvenes (ilustrando Miltín 1934 de Juan Emar, en su versión adaptada para la colección “Pingüino” de Editorial Pehuén), nos presenta una obra compleja a primera vista. Precisamente esta viene a poner en cuestionamiento dichas categorías de carácter etario, ya que tradicionalmente el libro álbum ha sido vinculado a la literatura infantil y, en este caso, la propuesta se aleja absolutamente de aquella camisa de fuerza que se ha impuesto al formato.

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De bestias y hombres

Con ilustraciones muy detalladas en un casi estricto blanco y negro, y de una belleza evocadora del sueño (o la pesadilla), Animal  se sustrae de la discusión puramente teórica o clasificatoria, para centrarse en lo relevante, que es lo literario y la imagen. Asimismo, el texto difiere en otro importante detalle en relación a otros libros álbum, al salirse de lo narrativo y adentrarse en el espacio de la prosa poética. De este modo, tal como señala el sitio de su editorial, Animal “es una metáfora, escrita en prosa poética e ilustrada, de la vida de los vertebrados.”, un experimento visual-textual que se torna una curiosidad dentro del panorama de la literatura dirigida a infancia y juventud. Por otro lado, desafiando cómo metáfora, viene a reemplazar los significados propios de la existencia según los comprendemos en términos reales, y a dotarlos de una amplitud que el lenguaje figurado puede aportar. Las cuidadas imágenes, llenas de seres irreales aunque reconocibles, de animales indescifrables en sus formas, pero no en sus acciones, de cuerpos y huesos cansados, se ubican en el espacio de lo nocturno, comprendiendo el sueño y la oscuridad como parte de una realidad viva y que se invita a explorar. Más que una experiencia puramente racional, la obra llama a leer desde lo emotivo y a conectarnos con el animal interno que todos tenemos.

Dicha bestia, que es invocada en el epígrafe inicial de Alejandra Pizarnik (“En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres. Corazón de la noche, habla.”) va a transitar como un algo que nos violenta, nos desgarra y desangra, pero que también es espacio de lo mágico y lo puro. Y es ahí, en aquella imagen propuesta, de esa mirada a nuestro interior, que la obra hace su guiño a otras lecturas. Inevitable al leerlo fue recordar al Lobo estepario  de Hesse, ese hombre que se reconoce en aquel Tractat, que está dirigido “no para cualquiera”, sino para aquellos/as que logran comprender la dualidad inherente a los seres humanos:

“El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino. Y puede ser también que este sino no sea tan singular y raro. Se han visto ya muchos hombres que dentro de sí tenían no poco de perro, de zorro, de pez o de serpiente, sin que por eso hubiesen tenido mayores dificultades en la vida. En esta clase de personas vivían el hombre y el zorro, o el hombre y el pez, el uno junto al otro, y ninguno de los dos hacía daño a su compañero, es más, se ayudaban mutuamente, y en muchos hombres que han hecho buena carrera y son envidiados, fue más el zorro o el mono que el hombre quien hizo su fortuna. Esto lo sabe todo el mundo. En Harry, por el contrario, era otra cosa; en él no corrían el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda, sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía exclusivamente para martirio del otro, y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible. Pero en fin, cada uno tiene su suerte, y fácil no es ninguna.”

Los textos, breves y concisos, se enmarcan dentro de un aura melancólica y de soledad, pero que también buscan vincularse con nuestra propia identidad, no como miembros de una nación, sino de una tierra, de un espacio que todos construimos. Seres enmascarados, que a través de sus rituales buscan conectarse con su yo interno, seres monstruosos que devoran los huesos de otros, pero que también son capaces de arrullarnos y darnos calor. Porque como dice el texto, las bestias no sólo saben de tristezas, sino también de amor.

Finalmente, es bastante particular que una obra de este tipo haya ganado precisamente un premio que condecora lo mejor de la literatura infantil y juvenil en Chile, porque Animal se atreve en un terreno poco explorado (como es la poesía vinculada a los más jóvenes), pero más relevante que aquello, es lo significativo del mensaje que porta, de la forma en que transmite su emoción, porque a final de cuentas, la buena literatura no resiste categorías, ES simplemente un animal.

Blanco, Daniel (2014): Animal. Santiago, Chile: Erdosain ediciones.

Ver:

Sitio web del autor

http://zorroculebra.com/ilus-animal.html

Sitio Erdosain ediciones

http://erdosainediciones.com/libros/

Nieve Negra

nieve negra

“Encontrar el espejo no fue casualidad. No puede serlo. Más bien, fue producto de una serie de eventos raros y dislocados. Igual que mi vida.”

                                                                                          Nieve Negra

Nieve negra, segunda apuesta literaria de la escritora chilena Camila Valenzuela, comenzó su vida desde el éxito, al ser premiada en el reciente 2014 con el primer lugar en el concurso “Barco de vapor”, convocado por la editorial SM. La autora, quien ya es conocida por el público adolescente a partir de la saga Zahorí (la cual también lanzó su segunda parte el año pasado, llamada Revelaciones), plantea en este texto una obra mucho más breve, pero también precisa en sus intenciones, y aunque los premios muchas veces no suelen contar con el beneplácito de la crítica o del público (y menos de los autores), en esta oportunidad es justo en su unanimidad.

                Cómo ella misma señaló en su lanzamiento y premiación, la novela está motivada a partir de las propias investigaciones que ella realizó acerca de los cuentos maravillosos tradicionales, y que la llevaron a producir una reactualización del relato de “Blanca nieves”, pero claramente, ubicarla en la mera relectura es limitar el texto y simplificarlo en sus intenciones. La obra, cómo señalé en un inicio, tiene una brevedad que la vuelve eficaz en su tratamiento del argumento, y que permite que la historia fluya, pero sin dilatar ni rellenar (cómo suele ocurrir en obras de mayor extensión para el público juvenil). A su vez, asumiendo su fuente, logra acercar y apropiar a nuestra cultura un relato netamente europeo.

El pasado da las respuestas

                Su estructura es bastante clara y simple: 10 capítulos, enumerados en orden inverso, y que nos cuentan una historia dividida en dos tiempos. Por un lado, el Santiago actual, y más precisamente, en la comuna de Ñuñoa. Por otro lado, el mismo Santiago, el mismo lugar geográfico (aunque no desde el nombre), pero en el período colonial. Esta alternancia de tiempos del relato, sirven además para ir manejando los ritmos de la novela, y permitiendo al lector que vaya desenrollando la madeja de misterio que va rodeando la trama. En ella, conoceremos a nuestra protagonista, una joven escolar, quien vive con sus padres y su perro, el quiltro. La relación entre ellos es algo tensa, debido a sus diferencias de carácter. Esto hace que ella se vincule de manera mucho más afectiva con su padre, y rechace las conductas histéricas de su madre. Esta particular situación es a mi parecer muy relevante en la obra, ya que aborda la tensión que subyace muchas veces entre madres e hijas, esas rivalidades que a veces no se pueden explicar, pero que en la obra se trabajan desde la idea de la historia cíclica, ese eterno retorno de las emociones y las experiencias. Y es que el mundo actual, mucho más frenético en apariencia, se ve más apacible y acogedor que el del pasado, el cual se muestra con un halo mágico que permite que los hechos vayan más allá de lo puramente anecdótico (incidentes como el terremoto de 1647, en donde se da origen a la leyenda del Cristo de Mayo, se vuelven presagio de algo mucho más terrible). Da la impresión de que definitivamente nada es el azar, y que cada circunstancia va acompañada de una consecuencia. Es en aquel tiempo pretérito en dónde la causalidad adquiere relevancia. Así, hechos como la muerte de la madre, la aparición de la misteriosa y enigmática madrastra, desatan una cadena de incidentes que van enturbiando más las cosas. Y en ese espacio de lo real se limita con lo mágico, caracterizado por la figura de la Negra, mujer humilde, pero que esconde grandes poderes y secretos. Este personaje, que en otras obras permanecería en las sombras y una participación menor, se vuelve de gran relevancia, volviéndolo un motor de los acontecimientos, y también proporcionando esa dialéctica entre el mundo urbano y el mundo rural, lleno de recovecos para la magia y la maravilla.

La oscuridad

Un hecho en particular (y que se vislumbra desde su portada, ilustrada por la reconocida artista chilena Alejandra Acosta), es esa aura sombría, lúgubre y constante, que dota al texto de una atmósfera enrarecida y que va llevando incluso al lector a un estado de tensión y oscuridad permanente. Y es que los hechos que se van mostrando en la historia tienen que ver con las pulsiones bajas que movilizan de igual manera a los seres humanos. El amor reconvertido en odio, la carencia mutada a envidia, el dolor transfigurado en violencia.

                Este ambiente construido en la novela es poco habitual en la narrativa adolescente, más preocupada del romance del momento, del héroe o heroína en búsqueda de la aventura, y que acá se centra en las emociones sentidas por todos los personajes, y que los van movilizando. Y eso se demuestra también en la alternancia de la narración, que va desde la primera persona (en el caso de los capítulos centrados en la protagonista), y la omnisciencia (en los ubicados en el pasado), lo cual enriquece aún más su estructura.

Cuando el mal acecha, cuando nada es azaroso ni arbitrario, cuando todo elemento se vuelve un símbolo (y esta obra está lleno de ellos), los acontecimientos se desenvuelven de manera natural, y configuran esta suerte de thriller sobrenatural. La tensión (y la perversidad) va en aumento capítulo a capítulo, y sin darnos cuenta llegamos al final de la obra, cerrando de manera redonda el ciclo narrado.

Esperemos que este camino trazado por la autora continúe en sus obras posteriores, proveyendo de lecturas interesantes sobre textos clásicos, o sin temor a tomar símbolos y temáticas más crípticas para el público adolescente.

Valenzuela, Camila (2014): Nieve negra. Santiago, Chile: Ediciones SM Chile

Ver:

Al sur de la Alameda: diario de una toma

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Más que mensaje, la novela quiere ser una invitación. Y estoy citando palabras de Vicente, el coautor: ‘una invitación a reflexionar sobre nuestros ideales y compromisos’. Es una historia de amor, también sobre las pequeñas miserias cotidianas de una toma en un pequeño colegio ‘al sur de la Alameda’, pero también es una historia sobre el crecimiento y la toma de conciencia ciudadana y política. ¿Hasta dónde llega nuestro deber como ciudadanos? ¿Hasta qué punto implicarse o quedarse fuera?                                                                                                                                                  Lola Larra

En un mercado editorial en el cual la llamada “literatura juvenil” está plagada por historias distópicas, sagas de fantasía y diversas variantes del romance adolescente, una historia cercana como “Al sur de la Alameda” se hace relevante y altamente contingente. Situada temporalmente en la llamada “revolución pingüina” del año 2006, la trama avanza fuerte y despliega una narración acerca de las (verdaderas) inquietudes juveniles, los prejuicios, la participación ciudadana, entre otros temas. Para ello, Lola Larra, su autora, no rehuye a ciertos tópicos que se han convertido en modelos a seguir de la actual literatura dirigida a jóvenes, cómo el amor entre opuestos, pero lo dota de una calidez y cercanía que se aleja del estereotipo imperante. Tal vez sea la misma cercanía geográfica la que permite reconocer en los jóvenes del texto a nuestros mismos amigos del colegio, y lo que finalmente hace que la historia se vuelva verosímil. Pero primero hablemos acerca de lo que nos cuenta la novela.

Fondo-pantalla-01La historia es cíclica

Nicolás es un joven como cualquier adolescente del gran Santiago. Va en tercero medio, es el arquero estrella del equipo de fútbol del colegio, y al parecer no tiene ningún interés por la política o los temas sociales. Pero él es el protagonista del relato, o en realidad, personifica las dualidades y complejidades que muchas veces los adultos no queremos ver (o comprender) en los adolescentes. Aquí me gustaría detenerme, para hacer ver que en esto radica la principal virtud de este relato. No hay héroes, no hay jóvenes actuando como adultos, sino todo lo contrario. Se nos muestran con dudas, contradictorios, inmaduros, llenos de miedo, pero también impetuosos y esperanzados, intentando hacer bien las cosas. El relato cotidiano y mínimo es transformado logrando tener un peso específico, convirtiendo a estos jóvenes en verdaderos actores sociales y no en meros espectadores de la realidad.

Estas contradicciones propias de la adolescencia, se reflejan en el actuar de Nicolás. Sus amigos lo cuestionan por entrar a una toma, de la cual no entienden mucho su fin. Pertenecen a un colegio privado, y no tienen las necesidades o problemas de los públicos. Quienes ingresan al movimiento lo hacen por convicciones o motivaciones que son más bien personales, pero con el correr del tiempo, la convivencia en este espacio cerrado (y autonormado) los vuelve en seres colectivos. Y la obra muestra con claridad este proceso. El protagonista entra a la toma más por un interés amoroso (va en busca de Paula, la chica recién llegada desde Francia), pero al cabo de unos días, vemos que guarda una historia familiar que lo marca. Y en ese sentido, la novela se muestra como un reflejo del Chile actual, aquel que va al mall, pero también a la marcha sin ningún tipo de distinción clara. Somos parte de un modelo económico y social, pero asimismo, hay una historia que nos identifica y nos moviliza internamente.

Así sabemos que los padres de Nicolás (a los cuáles él trata por sus nombres, mostrando la relación más horizontal que establece con ellos), participaron de los movimientos estudiantiles durante los años ochenta, época mucha más dura en cuánto a las consecuencias de dichas acciones (y que la novela trata de manera abierta). Es un dato no menor aquello, porque finalmente Nicolás no puede escapar a su propia historia, y este reconocimiento personal modifica al protagonista, hace ver con otros ojos al resto de los personajes, pero también muestra de manera más velada el comportamiento de los adultos frente al actuar de los jóvenes. Parece ser que (no importando del lado que nos encontremos), los adultos pretenden replicar sus historias y pareceres en los adolescentes. Familia, profesores, adultos en general, imponen una visión particular de lo que debe ser la vida y nuestras acciones. Es así como los padres de Nicolás, liberales y cercanos, siguen repitiendo el patrón adulto, al no reconocer los intereses (diferentes a los de ellos) de su hijo. El propio protagonista lo manifiesta abiertamente en su diario, en un reproche tan real en su honestidad:

“He parado más tiros al arco que ningún portero de la liga interescolar. He logrado detener siete penaltis en partidos del campeonato, y nadie de mi edad que yo conozca puede jactarse de lo mismo. Pero, ahora que estoy en la toma, es la primera vez que mi mamá dice que está orgullosa de mí.”

¿Cuánto nos interesan las vidas, gustos, motivaciones de nuestros jóvenes? El relato no elude este cuestionamiento (aunque sea de manera implícita), pero en la historia los adultos finalmente no cuentan, o no son los elementos centrales. De los padres sólo sabemos algo a través de las conversaciones telefónicas, o las referencias del diario de Nicolás. Los profesores y el director no están presentes, es más, la dirección del establecimiento se muestra sólo como un organismo institucional, frio, y fuera de las preocupaciones de los propios alumnos del colegio. Esto refuerza la idea de micromundo juvenil que el relato nos plantea, y que a ratos se vuelve inaprensible. Ejemplo de esto es la escena en donde el gordo Mellado, uno de los jóvenes más empoderados dentro de la toma, señala que vieron el documental “Actores secundarios” en la “sala” de cine. El guiño se vuelve en un espaldarazo para dicho documental, y permitiría entender de mejor forma las motivaciones de los adolescentes dentro de un movimiento social, pero se vuelve más potente la referencia cuando otro de los estudiantes nos dice que sólo hubo como 5 asistentes en la proyección. Supondríamos que los jóvenes participantes de una toma se sentirían más motivados o interesados por dicho film, pero los móviles son otros: informarse (y socializar) por internet, el hambre que comienza a incrementarse, pasarla bien en una fogata, e incluso el cuestionado fútbol se vuelve una manera de matar el tiempo. En consecuencia, el relato triunfa en graficar la realidad adolescente, mutable, inconstante, comprometida, e incluso hasta podríamos aventurar las consecuencias de esta historia en un personaje levemente trazado, pero que quién sabe (cómo continuando la historia familiar de Nicolás), sea participante de las movilizaciones del 2011. Javi, la hermana menor, contesta con efusividad la llamada de su hermano, y es quién se ha encargado de informar a sus padres que Nicolás está en la toma. Cómo la misma novela se encarga de mostrarnos, la historia es cíclica.

La toma en imágenes

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Aun cuando la novela (y la actualidad de su relato) se sostiene por sí misma desde la escritura, es al transitar a formatos más híbridos dónde despliega todo su potencial. ¿Novela gráfica, novela ilustrada? Para el caso se vuelve irrelevante la categorización del texto, y es más importante comprender en qué forma la imagen y el texto se logran complementar a través de sus distintos lenguajes. Hay que hacer hincapié en la cuidada edición de la obra, preocupada de todos los detalles, lo que convierte al libro en un texto altamente atractivo, tanto por su relato, como por el plano estético. Pero esta dualidad en el lenguaje, no es sólo un capricho autoral o editorial, sino que refuerza lo dicho y luego se transforma en lo visto. El relato así se mueve en mundos complementarios y complejiza los niveles de interpretación (ya bastante se ha polemizado sobre la banalización y simplificación de los contenidos para jóvenes, pero aquí la novela sortea dicho escollo con mucha propiedad).

Por un lado, tenemos el relato escrito en primera persona hecho por Nicolás, a través del registro de la toma que realiza en su diario personal. Desde otro frente, tenemos un personaje femenino misterioso, quien desde la privacidad de su ventana explora las vicisitudes de estos jóvenes a través de sus prismáticos. Este segundo relato visual (bellamente ilustrado por Vicente Reinamontes), nos proporciona una mirada externa a los hechos, dota de rostro a los personajes, y complementa lo dicho con sutiles detalles. Esta misma narración visual entrega un ritmo más ágil a la historia general, permitiendo descansos al relato de Nicolás, y a su vez, conocer más a fondo el entorno donde transcurren los hechos. Desde ese punto de vista, no es sólo añadir imágenes para hacer más atractiva la propuesta a los jóvenes, sino que esta apuesta de la narración se sustenta por si misma, al proporcionar una perspectiva cuasi cinematográfica de los acontecimientos. En una sociedad actual altamente visual, y en dónde la alternancia entre textos e imágenes es cada vez más constante (hecho que impacta directamente en la manera de ver el mundo en los adolescentes), el relato no escapa nunca a su realidad, tanto en las formas de comprenderla, como en los temas que se vuelven contingentes.

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En conclusión, tal cual cómo señaló recientemente Gemma Lluch en su blog “¡Bienvenidas estas propuestas! Ojalá creen nuevos modelos en los que aparezca esa realidad de cada día que nos gustaría mejorar.” Felicito al equipo autoral y a editorial Ekaré por esta apuesta, que quizás no sea el camino a seguir en la vapuleada y cuestionada literatura juvenil, pero que si se destaca por ser una obra hecha con cariño e interesada en mostrar lo que los jóvenes sienten, piensan, viven.

Larra, Lola (2014): Al sur de la alameda. Diario de una toma. Santiago, Chile: Ediciones Ekaré sur

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