Piedra, papel o tijera

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“Hay hechos que no se pueden amortiguar con palabras.”

Ines Garland. Piedra, papel o tijera.

Lo inefable siempre ronda la literatura, aquel espacio en donde las palabras intentan escarbar en lo profundo de nuestro espíritu. Y en ese intento, muchas veces infructuoso (no por las palabras, sino por como han sido utilizadas), el lector suele salir desgarrado, con la herida que deja esa lectura en su mente. Es así, que transitando en ese mundo, la realidad pretende configurarse, y las palabras establecen un puente que conecta lo que ha sido, lo que puede ser, y lo que debemos reconocer y aprender. Por tanto, cuando la vida misma, la realidad más cruda, quiere revelarse ante nosotros, la literatura debe dejar que las palabras no cubran la verdad, si no que la dejen fluir como un rio.

Publicada en el año 2009, Piedra, papel o tijera de la autora argentina Inés Garland, rápidamente comenzó a ganar el respaldo de la crítica, pero también de los lectores. Esto la ha llevado a obtener importantes galardones, como el otorgado por la ALIJA (Asociación de Literatura infantil y juvenil de Argentina), y recientemente recibir el Deutscher Jugendliteraturpreis, el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil en Alemania, una de los más importantes y prestigiosas condecoraciones literarias dentro del ámbito de la LIJ, y que además por primera vez es obtenida por una autora latinoamericana. Pero independiente de los reconocimientos, la novela ha logrado ir creciendo en su efecto en los lectores, y actualmente ya incluso es lectura obligatoria en muchas escuelas del país vecino. Ahora es por primera vez publicada en Chile, y nos entrega una hermosa oportunidad de leer una de las grandes novelas juveniles escritas recientemente en nuestro idioma (y que curiosamente no fue concebida para jóvenes).

Los ríos de la memoria

Ya decía Jorge Manrique, en sus célebres Coplas a la muerte de su padre, que “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”. Asimismo nuestras lecturas, réplicas en miniatura de nuestras existencias, intentan seguir esa misma corriente que te va atrapando y finalmente te lleva a un final, al cual debes aprender a aferrarte. Y la analogía no es antojadiza, ya que esta obra toma como marco espacial el Delta del Paraná, en el sector de El Tigre, en donde el Rio de la Plata no es sólo un simple decorado, sino también un reflejo espectral de las pasiones y afectos de sus protagonistas. Aguas que nos inundan, aguas turbulentas que nos arrastran a la perdición, aguas mansas que nos hipnotizan y nos alejan por segundos de nuestros males. El rio como metáfora, también es una marca indeleble y cruel que, aunque no queramos aceptarla, divide nuestras vidas. Porque Alma, la protagonista de esta novela, debe aprender a nadar en el rio de su propia vida para lograr comprender la distancia insalvable que la aleja de lo que tanto ama. Y es así que el destino inexorable que la conduce, no le permitirá reconocer las huellas trazadas, sino hasta cuando ya ha podido recorrer ese propio rio que tantas veces fue su compañía, y le permita ver con claridad que siempre todo estuvo ahí. Crecer, fluir, estancarse, volver a correr con fuerza, serenarse, es todo parte de esta novela tan dolorosa como emotiva en su manera de enseñarnos el tránsito de una niña desde su infancia, hacia su vida de joven y posterior adulta.

Al sumergirnos en la existencia de su protagonista, en esos espacios ocultos de la memoria fracturada, podemos también apreciar el tránsito por un período particular de la historia de la Argentina, y que también nos golpeó con fuerza, el cual se entrelaza con la historia profunda de amor de Alma y Marito. Y seguimos sus pensamientos, sus miedos y angustias, y nos hundimos en su dolor y nos regocijamos en sus ansias, mientras que pareciera que todo a su alrededor se viene abajo, mientras todo alrededor es máscara, apariencia y silencio. Esto añade un valor particular a esta obra, ya que nos permite entrar en la conciencia infantil, y luego juvenil de Alma, pero que nos entrega una mirada hacia los hechos tristes que asolaron nuestros países durante varios años.

La piedra, el papel y la tijera

Me tomaré un espacio personal. Debo reconocerlo: se oscurecía el día, la luz iba dejando la habitación y yo seguía sin detenerme, como esperando que las palabras fueran las que me iluminaran. Finalmente di con la última página, y al cerrar el libro sentí que una piedra me golpeaba, pero no en la cara, sino en el corazón, como si algo se hubiera apretado y me dejara ahí, suspendido en el tiempo. Releo sus partes, y cuando llego a “nos dimos cuenta de la creciente, cuando ya nada había que hacer”, siento que todo fuera profético. Me dejé llevar por la historia, que fuera creciendo dentro de mí, pero cuando los relatos nos remecen, no nos damos cuenta que ya no hay nada que hacer, que no tenemos opción ni participación en lo que ha ocurrido, sólo mirarlo como un reflejo de lo que somos, y lo que podamos hacer en nuestras propias vidas. Y percibo esas piedras golpeando, esas tijeras que intentan cortar, dejar en trozos nuestros recuerdos, y desearía que un papel, como la mano de Marito, pudiera cobijar nuestros propios ríos internos. Pero en su título no sólo está el símbolo de los golpes, la sfracturas y los afectos, sino también en las decisiones que podemos adoptar, y las cuales muchas veces (quizás todas) nos enfrentamos a ciegas. Alma reconoce tantas veces que no puede hacer nada, que se equivoca, y aunque ama, también destruye a lo que quiere en su silencio egoísta, en sus miedos y aprehensiones (podemos culpar también a su entorno y a sus padres, imagen de una sociedad indolente que todavía permanece). Pero es parte del crecimiento, y en ese trayecto, Alma se vuelve un ser tangible, tan real como doloroso para el lector.

Finalmente, aún dentro de todo ese aire desesperanzador, de toda esa sensación de vacío, miedo y aflicción que la obra transmite, siempre trasciende el amor, la idea de que a pesar de todo podemos seguir viviendo, que la existencia fluye, que aunque los ríos se secan, vuelven a nacer, y que los pesares, como las aguas, se van.

Garland, Inés (2015). Piedra, Papel o tijera. Santiago, Chile: Santillana del Pacífico S.A. ediciones

 

 

 

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