Daniel Blanco. Entre dos tierras.

Abocado actualmente a la labor editorial, Daniel Blanco no se detiene en su trabajo. Junto al lanzamiento de Un diamante en el fondo de la tierra (Amanuta, 2015), libro álbum realizado en conjunto con Jairo Buitrago, también se suma la publicación de América imaginaria,  obra del reconocido investigador chileno Miguel Rojas Mix, y en el que tomó las labores de editor para su sello Erdosain.

Acá los invito a leer y disfrutar de la entrevista que amablemente me concedió hace unos días:

Daniel, tu trabajo se construye desde la ilustración como un elemento predominante ¿Cómo concibes el espacio de la imagen frente a la palabra?

Si bien esto es lo aparente, la verdad es que mi trabajo funciona exactamente al revés. Las ilustraciones son lo último que desarrollo. Diría, tristemente tal vez, que de todas las disciplinas que ejerzo, la ilustración –el dibujar– es de la que estoy más alejado y que menos practico. Esto no quiere decir que no piensa en ella, pero para mí el dibujo siempre ha sido solo la posibilidad de extender las posibilidades de un texto. Por eso el barroco y los símbolos, lo surreal. Las ilustraciones que realizo las armo casi como si se tratara de una lista de sinécdoques que componen todas juntas un nuevo cuerpo, invisible, informe y abstracto, pero que, como el lenguaje mismo, al ser reunidas, tienen la capacidad de conjeturar y tal vez, en el mejor de los casos, transmitir un discurso, una reflexión.

Me considero un plagiador. Antes de hacer un dibujo me paso horas o días viendo otras cosas, otros referentes de donde extraer las ideas, conceptos y símbolos que construirán una ilustración (sobre todo desde la literatura y el cine); o sea, investigando. El resultado final es una acumulación de objetos, lugares, personajes y situaciones que, relacionados entre sí, esperan transmitir un metatexto que complemente el texto original, complementándolo y, ojalá, enriqueciéndolo.

Animal se establece como un texto críptico y reflexivo ¿En qué medida las imágenes construyen un sentido en la obra?

En el mismo sentido que mencioné en la respuesta anterior: a través de los meta-textos que ella, la imagen, puede construir. Por sí sola la imagen, en un amplio espectro que puede ir de lo literal a lo críptico, de lo concreto a lo abstracto, puede ya construir potentes discursos y sensaciones. Es, finalmente, otro lenguaje: el visual, y por lo tanto, otro texto que acompaña al lenguaje escrito… Pienso que la relación es fractal en un sentido poético, metafísico: ¿quién complementa a quién? El texto se construye de palabras y estas son fragmentos del devenir de la experiencia de la humanidad con su entorno, o sea, metáforas. La palabra contiene una imagen del mundo y, a su vez, las imágenes –lo que vemos, o sea, nuestro entorno– son contenidas por las palabras… Bueno, estas son apenas mis nociones, pues el tema es apasionante y algo largo de discutir. Afortunadamente, hay mucha investigación y bibliografía al respecto, pensada y escrita por sendos maestros que saben infinitas veces más de este tópico que yo. Recomiendo mucho el estudio de la semiología para profundizar en estas relaciones.

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Cuando el libro se cierra vuelves entonces a la “realidad”, pero ya no eres el mismo.

No sólo eres ilustrador, sino también eres editor en Erdosain Ediciones ¿Cómo entiendes el rol de la edición?

No sé a qué te refieres con entender, pero aludiré a mi postura política respecto de ejercer el oficio de la edición.

Creo que ser editor es transformarse en un seleccionador y divulgador de discursos. Un libro es un discurso contenido entre dos tapas, sean estas blandas, duras, un cartón, etcétera. Y decidir publicar estos discursos es entonces compartir una visión del mundo. Todos los libros del mundo que se hayan alguna vez publicado contienen, para bien o mal, una parte del mismo. En ellos un autor, o varios, registran su experiencia particular del mundo. Cada libro es un mini espejo reflejando una sinécdoque, una parte del total.

En este sentido, el editor, sea cual sea su motivación (dinero, amor al arte…) es un divulgador de discursos. Discursos que, desde mi experiencia personal como lector, cambiar absolutamente una vida (en mi caso libros como El juguete rabioso, de Arlt, o Las ciudades invisibles, de Calvino) o el curso de la humanidad (Biblia, Corán, etcétera). Cuando tú lees un libro aceptas, momentáneamente, a ese libro como la única realidad. Tienes frente a tus ojos pedazos de papel con un montón de símbolos amontonados, símbolos que entendemos a través de una convención (el lenguaje) y que, sin embargo, nos están contando una subjetividad: la del autor, que, a su vez, habla por el mundo o es acaso el mundo entero el que pasa por él a través de su escritura. Cuando el libro se cierra vuelves entonces a la “realidad”, pero ya no eres el mismo; ahora, independiente de cuánto hayas entendido o cuánto hayas aceptado esa discursividad, ya no eres el mismo: una nueva visión del mundo, completa o precaria, se almacena en tu cabeza, o, en el caso que tal discurso te llegase a tocar, en tu alma.

Aun cuando considero que las categorías son más nocivas que positivas, has sido enmarcado en parte en el mundo de la LIJ (de hecho, recibiste un premio en la categoría mejor Libro Album, y ya anteriormente habías sido destacado por el IBBY) ¿te molesta dicha vinculación?

No me molesta en la medida que sea usado para indexar títulos en catálogos. Creo que mis ilustraciones (pues no puedo hablar de mis libros con uno solo publicado hasta la fecha) son más bien sin edad. Eso al menos pretendo. El que sean vinculados a la literatura infantil o juvenil me parece fantástico: ya quisiera yo que los cabros chicos y jóvenes leyeran los textos que acompañan mis ilustraciones, pero creo que la categoría LIJ se vincula con mi trabajo más bien a modo de tag que como categoría.

A partir del mismo tema, ¿Estás de acuerdo en esta clasificación genérica de “literatura infantil” o “literatura juvenil”?. En relación ¿Cómo tú concibes la literatura y tu trabajo texto-visual?

Creo que contesté esta pregunta en la respuesta anterior, jaja.

En parte de tu producción visual te has visto vinculado a obras de autores tan relevantes como Alfonso Alcalde y Juan Emar. ¿Cómo percibes ese nexo entre tus ilustraciones y los textos de dichos escritores? ¿Dónde se sitúa tu espacio de autor frente la obra de otro?

Como respondí a la primera pregunta: me sitúo como un constructor de metatextos. La comprensión de lectura de un texto a ilustrar lo es todo para mí. Mientras más logre interiorizarme con el texto, más fácil y feraz se me hará la investigación. Entender los sentidos y símbolos que encierra un texto permitirá al ilustrador acceder a múltiples referentes visuales y simbólicos que podrá usar a la hora de construir las ilustraciones.

¿Cómo se relaciona el Daniel Blanco Pantoja de Miltín 1934, Animal o el más reciente Un diamante en el fondo de la tierra?

Son bastante distintos… Uno es un fragmento de un texto surreal de un genio del género, otro es un poema escrito por mí que intenta responder inquietudes metafísicas y existenciales (en mi versión más emo), y el otro es un texto realizado por Jairo Buitrago ya pensado para ser un libro-álbum desde el principio. No sé… Podría decir que siempre trato de aludir, por más distinto que sea el encargo y la tarea por hacer, a que los referentes tengan fuerte vinculación con la realidad… Que los elementos puedan ser reconocidos como verosímiles y universales a pesar de que su planteamiento sea absurdo, surreal o localista. Espero con esto generar algún nivel de pregnancia, de atención en los elementos, que permita al lector acaso permearse con las reflexiones que ellas, las ilustraciones, plantean.

Para terminar, una pregunta personal ¿Habrá una nueva asociación entre Daniel Blanco y Juan Emar a futuro?

Oh, sí… Pero esto será una sorpresa. Además, es un proyecto muy-demasiado-súper ambicioso. Necesitaré al menos un año entero para poder ilustrarlo, y eso es, dada las condiciones editoriales de Chile, imposible. Solo diré que es uno de los cuentos de uno de los mejores libros que un escritor chileno, según mi criterio, ha publicado: Diez.


Agradezco a Daniel por darse el tiempo de responder mis preguntas, las cuales espero sirvan para comprender mejor su obra.

Lola Larra, todavía en la lucha.

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Al sur de la Alameda, obra escrita por Lola Larra e ilustrada por Vicente Reinamontes, irrumpió en el mercado local de manera tímida, pero rápidamente ganó el aprecio de los críticos especializados y, por supuesto, de los lectores. Esto ha llevado a que el texto haya obtenido numerosas distinciones, y parece que el efecto avasallador no se detiene. Ahora, en una movida muy interesante para el medio local, sus autores se aventuran en la creación de un interesante spin off de la novela ilustrada. La nueva publicación denominada Estudiantes en lucha. Apuntes para una historia de las movilizaciones estudiantiles, fanzine que recoge las ideas, anotaciones e investigaciones de “El gordo Mellado”, personaje de Al sur de la Alameda quien dentro de la obra cumple el rol de formar políticamente a sus compañeros en la toma.

Claramente, no es habitual que una obra juvenil publicada en el país se arriesgue de esta forma, expandiendo la propuesta realizada y abriéndose a nuevos formatos como éste, un breve texto a medio camino entre lo informativo y lo ficcional. Por otro lado, los autores establecen de manera mucho más clara su compromiso con el discurso que inunda el relato, permitiendo que los lectores no sólo se queden con la lectura planteada propiamente por la historia, sino que además los lleve a conocer más a fondo la trayectoria histórica que culmina en los hechos relatados en la novela. De este modo, esta nueva publicación es el complemente perfecto para Al sur de la Alameda, manteniendo su estilo gráfico, y haciendo que la obra se sostenga en el tiempo y amplíe sus proyecciones.

Esto se ha hecho patente en cada gira realizada por el equipo realizador, donde los encuentros más emotivos y reveladores han sido con sus lectores, quienes han hecho suyos los eventos relatados en el texto.


Apuntes desde Lola Larra.

Luego de un exitoso paso por México, en donde estuvo presente en la Feria del libro de Guadalajara y visitó algunos colegios y escuelas, Lola regresa a Chile con nueva (aunque limitada) publicación bajo el brazo, así que quise saber un poco más sobre los pasos actuales (y futuros) de ella, y algunas otras cosas. Agradezco el tiempo que me otorgó y espero que disfruten esta breve entrevista.

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¿Cómo se define Lola Larra como autora?

Es complicado definirse a uno mismo como escritor. Puede resultar en un aburrido ejercicio de narcisismo, o bien de mucha autocrítica. Lo que puedo decir es que soy una escritora muy lenta, demoro mucho en cada proyecto y, aunque antes me desesperaba por ello, ahora lo agradezco. También he sido una escritora muy dispersa: no solo porque he publicado cosas muy distintas entre sí (novela de iniciación, novela policial, novelas más periodísticas, y hasta una nouvelle erótica) sino también porque comienzo muchos proyectos a la vez y trabajo en ellos al mismo tiempo hasta que alguno me atrapa lo suficiente como para terminarlo. Supongo que tiene que ver con que mis lecturas son muy heterogéneas. Y supongo que también es porque solo poco a poco uno va definiendo qué es lo que le interesa contar en realidad y cómo.

Ya con la perspectiva del tiempo, y luego de todos los reconocimientos, ¿cómo valoras actualmente “Al sur de la Alameda”? ¿Proyectabas de alguna forma el reconocimiento obtenido?

Debo decir que nunca esperamos, ni Vicente ni yo, la repercusión que ha tenido la novela. Y solo me queda estar muy agradecida y muy contenta. No suele ocurrir que algo que publiques llegue a tanta gente y de maneras tan diversas y contundentes. Es un regalo y no soy tan ingenua como para pensar que no tiene que ver con una gran dosis de suerte.

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Se publican muchísimos libros al año, varios de ellos notables: ¿Qué hace que algunos calen mejor que otros entre el público? Nadie puede identificar la fórmula, pero en el caso de ‘Al sur de la Alameda’ creo que fue una combinación de dos cosas: una historia que toca a mucha gente, en diversos niveles, y una manera original (pero no gratuitamente innovadora) de contarlo.

Actualmente podemos ver un proceso particular, en el cual la producción local de novelas gráficas se ha orientado hacia nuestra historia ¿Cómo ves esta situación? ¿Cuál crees tú que es la necesidad de abordar la memoria histórica?

En los últimos 3 o 4 años la novela gráfica chilena ha comenzado a interesarse por nuestra propia historia, tal vez como nunca antes. Y ha intentado recuperar la memoria más allá de lo que cuentan los libros de historia o la prensa. Editoriales como Hueders, Lom, Pehuén o Ekaré Sur, han apostado por estas novelas de ‘ficción documental’ o de ‘ficción histórica’. Libros como ‘Los años de Allende’ de Reyes y Elgueta, han sido una ráfaga de aire fresco. Confío en que parte de la función de la literatura es arrojar luz sobre aquello que estaba escondido, oculto; también sobre las cosas que enferman una sociedad. En ese sentido, abordar nuestra memoria reciente, nuestros dolores y heridas, resulta muy sanador e iluminador.

Frente al mismo tema, ¿cómo te sitúas frente al proceso escritural en donde se revela algo de lo que somos?

Creo que, más allá de nosotros los autores, o a pesar de nosotros los autores, la literatura se va permeando por el entorno, no es inmune a lo que ocurre en la sociedad. Los géneros maduran. Y a pesar de nuestra inmadurez como autores, o a pesar de nuestras pulsiones personales, la literatura avanza sola, y a veces es capaz de ir más allá de nosotros. Y por eso creo que es muy interesante lo que está pasando con la novela gráfica chilena, es muy interesante y muy significativo que nuestras novelas gráficas estén hablando de los problemas de nuestra sociedad, sobre todo si a veces son problemas que acarreamos desde hace más de doscientos años.

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Junto al desarrollo del texto escrito, “Al sur de la Alameda” convive con la imagen. ¿De qué forma se logró la comunión entre estos dos lenguajes? ¿Piensas seguir desarrollando este tipo de trabajos?

Al principio iba a ser una  novela tradicional, de solo texto. Después de que terminé una primera versión del manuscrito pensé que sería bueno tener un contrapunto al diario de Nicolás, el protagonista. Y se me ocurrió que podría ser bonito narrarlo con imágenes. Y ahí entra de nuevo la suerte, que fue encontrar a Vicente. No es fácil hallar un compañero de viaje tan talentoso y que se comprometa tanto con un proyecto como él.

La comunión entre ambos lenguajes se logró gracias a casi dos años de trabajo: nos reuníamos todas las semanas y en el proceso cambió mucho el manuscrito (el final, varias escenas, varios personajes…). Muchas cosas se modificaron en el texto según se iba construyendo el relato en imágenes. Trabajamos junto a las editoras; y luego también con el diseñador y el productor gráfico, para decidir cosas como el color de las páginas, las viñetas o el troquel de la portada; todos detalles que tienen un sentido y aportan a la historia, no son gratuitos ni decorativos.

Me gustaría muchísimo hacer otro libro con Vicente. Ojalá encontremos una buena historia, algo que nos conmueva a ambos.

Finalmente, cuéntame de tus nuevos proyectos, ¿cuáles son los próximos pasos de Lola Larra?

Acabo de terminar una novela en la que llevaba trabajando mucho tiempo y para la que estuve investigando muchos años. Es una novela de ‘ficción documental’, por ponerle algún nombre, sobre Colonia Dignidad. Una historia sobre una colona que ha decidido quedarse allí y que, pese a todo, ha mantenido una particular dignidad y una curiosa cordura. Es una aproximación desde el punto de vista de las mujeres, tal vez los seres más invisibles de esta tristemente famosa comunidad alemana.

Si estás interesado/a en el fanzine spin off de Al sur de la Alameda, puedes acceder gratuitamente a él a través de este link:

http://diariodeunatoma.cl/wp-content/uploads/2015/10/Estudiantesenlucha_Web.pdf

Jutta Bauer en Chile

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El día martes 17 de noviembre pasado marcó el segundo día de actividades en Chile de la célebre autora alemana Jutta Bauer. La ilustradora y autora de libros infantiles como Selma, Madre Chillona o El ángel del abuelo, participó de una interesante conversación en la Biblioteca de Santiago junto a Maili Ow, jefa del Programa de Doctorado en Ciencias de la Educación y directora de Pregrado de la Facultad de Educación UC.

Premiada con el Premio Nacional de literatura infantil en Alemania el año 2001, y del afamado Premio Hans Christian Andersen durante el 2010, Bauer es un referente dentro del mundo de la literatura infantil, y la visita sirvió para conocer algunas de sus reflexiones en torno a su trabajo creativo, su mirada a la infancia, entre otras.

“Los padres se preocupan demasiado de los niños”

Alejada de una mirada didáctica o sobreprotectora, la autora defendió la idea de que debemos dejar un poco más tranquilos a los niños, permitirles ser en sus acciones, dado el excesivo cuidado que los padres dan a sus hijos/as. Por otra parte, también fue crítica con el aumento de la trivialización de los estímulos entregados a ellos/as, y aun cuando también confiesa haber sido consumidora de productos banales en su infancia (algunos provenientes de la publicidad), considera que ahora la situación se ha extremado de manera nociva.

Este mismo acercamiento, que pone en cuestión lo que es entregado a los niños y niñas, es lo que hace plantear que no hay que temer tocar temas difíciles (como, por ejemplo, la muerte o la guerra), siempre y cuando provengan de lo cotidiano, es decir, que sean significativos para ellos y ellas. En ese sentido, temáticas como la violencia pueden ser abordadas, pero cuidando la forma, de manera que los libros e historias sirvan como medios para conversar y reflexionar.

Asimismo, a pesar del tratamiento de temas complejos o difíciles para la infancia, sostuvo la necesidad de los niños y niñas de historias en donde la bondad también sea representada al igual que el conflicto.

Texto e imagen

Con un ojo siempre puesto en la ilustración, Bauer tuvo palabras claras sobre la relevancia de la imagen. Consultada sobre su compromiso social y algunas obras que abordan temas como la dictadura en nuestro país, la autora destacó el valor de las imágenes, en cuanto “simplifican” la manera de mostrar hechos que de otra manera serían casi insoportables de ser aceptados en un enfoque más realista, por lo tanto, lo visual sirve como puente para el espectador.

Desde ese punto de vista, Bauer se acerca a una mirada que construye desde lo visceral, pero que también aborda con simpleza y naturalidad temas difíciles, y que para ella funciona un poco “en contra de la moda”. Al parecer, la lógica del menos es más es la consigna.

Formación del niño lector

Como último tema tratado en la conversación, la ilustradora se acercó al espacio del fomento y la formación de lectores. Ante este tópico se sostuvo la falta de preparación en el estudio de la imagen en los docentes, y un excesivo centro en el texto, lo cual incide en una mirada restringida de los álbumes ilustrados infantiles, por lo tanto, este problema en la formación limita las posibilidades de los profesores y, posteriormente, de sus estudiantes. Por otra parte, también fue enfática en señalar que todo el aprendizaje estaba siendo apuntando sólo al resultado concreto, a la respuesta única. Para ella la clave estaría en enseñar a los niños a pensar no en vía recta, sino “doblando la esquina”.

Espero que pronto podamos tener a más autores/as de su talla, que permitan abrir la reflexión hacia los textos infantiles, pero que también (como ella señala), no deje a sus receptores, los niños y niñas, fuera de la ecuación.

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Piedra, papel o tijera

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“Hay hechos que no se pueden amortiguar con palabras.”

Ines Garland. Piedra, papel o tijera.

Lo inefable siempre ronda la literatura, aquel espacio en donde las palabras intentan escarbar en lo profundo de nuestro espíritu. Y en ese intento, muchas veces infructuoso (no por las palabras, sino por como han sido utilizadas), el lector suele salir desgarrado, con la herida que deja esa lectura en su mente. Es así, que transitando en ese mundo, la realidad pretende configurarse, y las palabras establecen un puente que conecta lo que ha sido, lo que puede ser, y lo que debemos reconocer y aprender. Por tanto, cuando la vida misma, la realidad más cruda, quiere revelarse ante nosotros, la literatura debe dejar que las palabras no cubran la verdad, si no que la dejen fluir como un rio.

Publicada en el año 2009, Piedra, papel o tijera de la autora argentina Inés Garland, rápidamente comenzó a ganar el respaldo de la crítica, pero también de los lectores. Esto la ha llevado a obtener importantes galardones, como el otorgado por la ALIJA (Asociación de Literatura infantil y juvenil de Argentina), y recientemente recibir el Deutscher Jugendliteraturpreis, el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil en Alemania, una de los más importantes y prestigiosas condecoraciones literarias dentro del ámbito de la LIJ, y que además por primera vez es obtenida por una autora latinoamericana. Pero independiente de los reconocimientos, la novela ha logrado ir creciendo en su efecto en los lectores, y actualmente ya incluso es lectura obligatoria en muchas escuelas del país vecino. Ahora es por primera vez publicada en Chile, y nos entrega una hermosa oportunidad de leer una de las grandes novelas juveniles escritas recientemente en nuestro idioma (y que curiosamente no fue concebida para jóvenes).

Los ríos de la memoria

Ya decía Jorge Manrique, en sus célebres Coplas a la muerte de su padre, que “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”. Asimismo nuestras lecturas, réplicas en miniatura de nuestras existencias, intentan seguir esa misma corriente que te va atrapando y finalmente te lleva a un final, al cual debes aprender a aferrarte. Y la analogía no es antojadiza, ya que esta obra toma como marco espacial el Delta del Paraná, en el sector de El Tigre, en donde el Rio de la Plata no es sólo un simple decorado, sino también un reflejo espectral de las pasiones y afectos de sus protagonistas. Aguas que nos inundan, aguas turbulentas que nos arrastran a la perdición, aguas mansas que nos hipnotizan y nos alejan por segundos de nuestros males. El rio como metáfora, también es una marca indeleble y cruel que, aunque no queramos aceptarla, divide nuestras vidas. Porque Alma, la protagonista de esta novela, debe aprender a nadar en el rio de su propia vida para lograr comprender la distancia insalvable que la aleja de lo que tanto ama. Y es así que el destino inexorable que la conduce, no le permitirá reconocer las huellas trazadas, sino hasta cuando ya ha podido recorrer ese propio rio que tantas veces fue su compañía, y le permita ver con claridad que siempre todo estuvo ahí. Crecer, fluir, estancarse, volver a correr con fuerza, serenarse, es todo parte de esta novela tan dolorosa como emotiva en su manera de enseñarnos el tránsito de una niña desde su infancia, hacia su vida de joven y posterior adulta.

Al sumergirnos en la existencia de su protagonista, en esos espacios ocultos de la memoria fracturada, podemos también apreciar el tránsito por un período particular de la historia de la Argentina, y que también nos golpeó con fuerza, el cual se entrelaza con la historia profunda de amor de Alma y Marito. Y seguimos sus pensamientos, sus miedos y angustias, y nos hundimos en su dolor y nos regocijamos en sus ansias, mientras que pareciera que todo a su alrededor se viene abajo, mientras todo alrededor es máscara, apariencia y silencio. Esto añade un valor particular a esta obra, ya que nos permite entrar en la conciencia infantil, y luego juvenil de Alma, pero que nos entrega una mirada hacia los hechos tristes que asolaron nuestros países durante varios años.

La piedra, el papel y la tijera

Me tomaré un espacio personal. Debo reconocerlo: se oscurecía el día, la luz iba dejando la habitación y yo seguía sin detenerme, como esperando que las palabras fueran las que me iluminaran. Finalmente di con la última página, y al cerrar el libro sentí que una piedra me golpeaba, pero no en la cara, sino en el corazón, como si algo se hubiera apretado y me dejara ahí, suspendido en el tiempo. Releo sus partes, y cuando llego a “nos dimos cuenta de la creciente, cuando ya nada había que hacer”, siento que todo fuera profético. Me dejé llevar por la historia, que fuera creciendo dentro de mí, pero cuando los relatos nos remecen, no nos damos cuenta que ya no hay nada que hacer, que no tenemos opción ni participación en lo que ha ocurrido, sólo mirarlo como un reflejo de lo que somos, y lo que podamos hacer en nuestras propias vidas. Y percibo esas piedras golpeando, esas tijeras que intentan cortar, dejar en trozos nuestros recuerdos, y desearía que un papel, como la mano de Marito, pudiera cobijar nuestros propios ríos internos. Pero en su título no sólo está el símbolo de los golpes, la sfracturas y los afectos, sino también en las decisiones que podemos adoptar, y las cuales muchas veces (quizás todas) nos enfrentamos a ciegas. Alma reconoce tantas veces que no puede hacer nada, que se equivoca, y aunque ama, también destruye a lo que quiere en su silencio egoísta, en sus miedos y aprehensiones (podemos culpar también a su entorno y a sus padres, imagen de una sociedad indolente que todavía permanece). Pero es parte del crecimiento, y en ese trayecto, Alma se vuelve un ser tangible, tan real como doloroso para el lector.

Finalmente, aún dentro de todo ese aire desesperanzador, de toda esa sensación de vacío, miedo y aflicción que la obra transmite, siempre trasciende el amor, la idea de que a pesar de todo podemos seguir viviendo, que la existencia fluye, que aunque los ríos se secan, vuelven a nacer, y que los pesares, como las aguas, se van.

Garland, Inés (2015). Piedra, Papel o tijera. Santiago, Chile: Santillana del Pacífico S.A. ediciones

 

 

 

Un animal incazable

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Entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.

  Herman Hesse, El lobo estepario

Una de las grandes discusiones teóricas frente al tema de la denominada LIJ, es como establece su categorización. ¿Podemos hablar de una específica literatura para infancia o juventud? ¿Por qué no hay, por ejemplo, una literatura para ancianos? Dentro de esa manía de lo clasificatorio, es que caemos en denominaciones tan curiosas como chick lit o “literatura para chicas”, las cuales tienden más a un concepto de mercado que a uno más acorde con lo propiamente literario o estético. Ante esta particular disyuntiva, hay obras que son insertadas dentro del ámbito de la Lij, pero que se niegan a clasificar, ya que por su carácter singular terminan en una tierra de nadie intentando buscar su lugar y, en otros casos más afortunados, teniendo clara su posición.

En la cuarta entrega de la medalla Colibrí, otorgada por IBBY Chile, el ganador en la categoría “libro álbum” fue para Animal de Daniel Blanco, quien ilustra y escribe el texto. El autor, quien ya se había acercado indirectamente al mundo de la literatura para jóvenes (ilustrando Miltín 1934 de Juan Emar, en su versión adaptada para la colección “Pingüino” de Editorial Pehuén), nos presenta una obra compleja a primera vista. Precisamente esta viene a poner en cuestionamiento dichas categorías de carácter etario, ya que tradicionalmente el libro álbum ha sido vinculado a la literatura infantil y, en este caso, la propuesta se aleja absolutamente de aquella camisa de fuerza que se ha impuesto al formato.

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De bestias y hombres

Con ilustraciones muy detalladas en un casi estricto blanco y negro, y de una belleza evocadora del sueño (o la pesadilla), Animal  se sustrae de la discusión puramente teórica o clasificatoria, para centrarse en lo relevante, que es lo literario y la imagen. Asimismo, el texto difiere en otro importante detalle en relación a otros libros álbum, al salirse de lo narrativo y adentrarse en el espacio de la prosa poética. De este modo, tal como señala el sitio de su editorial, Animal “es una metáfora, escrita en prosa poética e ilustrada, de la vida de los vertebrados.”, un experimento visual-textual que se torna una curiosidad dentro del panorama de la literatura dirigida a infancia y juventud. Por otro lado, desafiando cómo metáfora, viene a reemplazar los significados propios de la existencia según los comprendemos en términos reales, y a dotarlos de una amplitud que el lenguaje figurado puede aportar. Las cuidadas imágenes, llenas de seres irreales aunque reconocibles, de animales indescifrables en sus formas, pero no en sus acciones, de cuerpos y huesos cansados, se ubican en el espacio de lo nocturno, comprendiendo el sueño y la oscuridad como parte de una realidad viva y que se invita a explorar. Más que una experiencia puramente racional, la obra llama a leer desde lo emotivo y a conectarnos con el animal interno que todos tenemos.

Dicha bestia, que es invocada en el epígrafe inicial de Alejandra Pizarnik (“En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres. Corazón de la noche, habla.”) va a transitar como un algo que nos violenta, nos desgarra y desangra, pero que también es espacio de lo mágico y lo puro. Y es ahí, en aquella imagen propuesta, de esa mirada a nuestro interior, que la obra hace su guiño a otras lecturas. Inevitable al leerlo fue recordar al Lobo estepario  de Hesse, ese hombre que se reconoce en aquel Tractat, que está dirigido “no para cualquiera”, sino para aquellos/as que logran comprender la dualidad inherente a los seres humanos:

“El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino. Y puede ser también que este sino no sea tan singular y raro. Se han visto ya muchos hombres que dentro de sí tenían no poco de perro, de zorro, de pez o de serpiente, sin que por eso hubiesen tenido mayores dificultades en la vida. En esta clase de personas vivían el hombre y el zorro, o el hombre y el pez, el uno junto al otro, y ninguno de los dos hacía daño a su compañero, es más, se ayudaban mutuamente, y en muchos hombres que han hecho buena carrera y son envidiados, fue más el zorro o el mono que el hombre quien hizo su fortuna. Esto lo sabe todo el mundo. En Harry, por el contrario, era otra cosa; en él no corrían el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda, sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía exclusivamente para martirio del otro, y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible. Pero en fin, cada uno tiene su suerte, y fácil no es ninguna.”

Los textos, breves y concisos, se enmarcan dentro de un aura melancólica y de soledad, pero que también buscan vincularse con nuestra propia identidad, no como miembros de una nación, sino de una tierra, de un espacio que todos construimos. Seres enmascarados, que a través de sus rituales buscan conectarse con su yo interno, seres monstruosos que devoran los huesos de otros, pero que también son capaces de arrullarnos y darnos calor. Porque como dice el texto, las bestias no sólo saben de tristezas, sino también de amor.

Finalmente, es bastante particular que una obra de este tipo haya ganado precisamente un premio que condecora lo mejor de la literatura infantil y juvenil en Chile, porque Animal se atreve en un terreno poco explorado (como es la poesía vinculada a los más jóvenes), pero más relevante que aquello, es lo significativo del mensaje que porta, de la forma en que transmite su emoción, porque a final de cuentas, la buena literatura no resiste categorías, ES simplemente un animal.

Blanco, Daniel (2014): Animal. Santiago, Chile: Erdosain ediciones.

Ver:

Sitio web del autor

http://zorroculebra.com/ilus-animal.html

Sitio Erdosain ediciones

http://erdosainediciones.com/libros/

Actualizando

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Luego de un largo tiempo sin publicar nada, y también de un largo tiempo de actividades, es momento de reactivar el sitio con más fuerza, no sin antes invitarlas/los a revisar algunas de los acontecimientos relevantes de este año (a través del sitio de CIEL Chile):

Lanzamiento colección Umbral
http://cielchile.org/noticias/lanzamiento-umbral-2/

II coloquio de literatura para infancia, adolescencia y juventud http://cielchile.org/noticias/la-narrativa-visual-se-tomo-ii-coloquio-ciel/

Participación en “Tercer Encuentro Regional: Creando Redes 2015″ en Arica http://cielchile.org/noticias/participacion-en-iii-encuentro-de-bibliotecas-cra-en-arica/

Hora de comenzar un nuevo ciclo. Atentas/os a las próximas publicaciones.